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#Zona libre: A nadie le importa

Chihuahua no será una elección más. Para Morena es la joya que todavía no posee. La izquierda contemporánea nunca ha gobernado el estado y conquistarlo tendría un enorme valor político y simbólico.
Cotidiana Cabizbajo
Prevenir cuesta menos que lamentar, y cada vida que se sostiene a tiempo es una familia que no tiene que preguntarse qué pudo hacerse, apunta Caleb Ordóñez. (Foto: Mario Jasso/ Cuartoscuro)

Este sábado 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. Habrá comunicados, lazos de colores y mensajes sobre la importancia de hablar. Es buen momento para sumar una conversación complementaria: la de los recursos que hacen posible la atención.

Lo que dicen las cifras

En 2025 murieron por suicidio en México 8,709 personas, una tasa de 6.7 por cada 100,000 habitantes, frente a 5.1 en 2015. En paralelo hay una buena noticia que conviene reconocer: la tasa de homicidios bajó de 25.8 a 21.4 en un año. El suicidio, en cambio, avanza en sentido contrario y afecta especialmente a los jóvenes: el 38.1% de los casos corresponde a personas de 15 a 29 años, y entre los 10 y los 17 hubo 821 muertes, la cifra más alta desde el año 2000.

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Un reto de esta naturaleza se atiende con médicos, psicólogos, clínicas y programas. Es decir, con presupuesto.

Un sistema con margen para crecer

Según el análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, el proyecto de presupuesto federal para 2026 destinaba a la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones y a siete programas relacionados 3,491.7 millones de pesos. Esto representaba 2.5% menos que en 2025 y alrededor del 1.5% del gasto en salud, lejos del 5% que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Conviene confirmar la cifra final aprobada por la Cámara de Diputados, pero la brecha respecto a la recomendación internacional es clara.

También lo es la disponibilidad de personal. El Diagnóstico Operativo de Salud Mental y Adicciones de la Secretaría de Salud contabiliza menos de un psiquiatra y poco más de tres psicólogos por cada 100,000 habitantes, y especialistas señalan que se concentran sobre todo en las grandes ciudades. Para quien vive en una comunidad pequeña, la ayuda profesional puede quedar a horas de distancia, y el sector privado no siempre es una opción accesible.


Hay que reconocer, con justicia, que existen esfuerzos: una estrategia nacional de salud mental y un plan para incorporar la atención psiquiátrica a los hospitales generales, una idea acertada. Su éxito dependerá de contar con psiquiatras en varios turnos, más personal capacitado y espacios adecuados, y todo eso requiere inversión sostenida.

Tampoco se trata de un asunto de un solo gobierno ni de un solo partido. El rezago es de larga data: estudios de hace más de una década ya mostraban que la salud mental recibía alrededor del 2% del gasto en salud, en su mayoría destinado a hospitales psiquiátricos y no a atención cercana a la población. Federación, estados y congresos han compartido esa deuda histórica, y también comparten la oportunidad de saldarla.

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Una ruta posible

Si hay acuerdo en que el problema es serio, hay también espacio para coincidir en soluciones. Primero, una ruta presupuestal progresiva hacia el 5%, con metas anuales públicas que permitan medir avances. Segundo, más plazas de residencia en psiquiatría y psicólogos en secundarias y preparatorias, empezando por los estados con tasas más altas, como Chihuahua, Yucatán y Aguascalientes. Tercero, atención en el primer nivel, en el centro de salud del barrio. Y cuarto, transparencia: que cada otoño, cuando se discute el presupuesto, se informe cuánto se asignó, cuánto se ejerció y qué resultados se lograron.

Nada de esto es ideológico. Prevenir cuesta menos que lamentar, y cada vida que se sostiene a tiempo es una familia que no tiene que preguntarse qué pudo hacerse.

El Día Mundial de la Salud Mental puede ser más que un día de frases. Puede ser el punto de partida para que gobierno, Congreso y sociedad se pregunten juntos cuánto estamos dispuestos a invertir en cuidar a quienes hoy no encuentran dónde pedir ayuda.

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*Caleb Ordóñez Talavera (1984) es abogado, comunicador y especialista en Periodismo digital por la Universidad Complutense de Madrid.

Nota editorial: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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