No hay nada malo en retomar lo que funciona. Lo que resulta cuestionable es venderlo como innovación cuando es, en el mejor de los casos, una versión con mayor despliegue policial de algo que el país ya está probando y que no tenemos evidencia verificable e independiente para saber si funciona.
El nudo que el documento nunca desata
Llegamos entonces al verdadero centro del problema, el que ningún título llamativo puede disimular: las propuestas trece y catorce —duplicar la policía local con seguridad social y carrera profesional, y retirar gradualmente a las Fuerzas Armadas— solo tienen sentido si se leen juntas, y leídas juntas revelan una secuencia que el documento jamás explicita.
México cerró 2024 con apenas ciento cincuenta y un mil elementos en instituciones estatales, una tasa cercana a un policía por cada mil habitantes, con enormes disparidades entre entidades. Duplicar esa cifra sin resolver antes reclutamiento, control de confianza, formación y supervisión no produce más seguridad: produce más aparato deficientemente seleccionado. Y retirar a las Fuerzas Armadas de la Guardia Nacional, los despliegues territoriales y las operaciones contra el crimen organizado sin haber construido primero esa policía funcional es, sencillamente, dejar un vacío operativo donde hoy hay, con todas sus limitaciones, una capacidad desplegada, además de repetir un patrón de extinción de instituciones que el actual régimen se ha encargado de repetir como mantra, sin antes pasar por un proceso de transición operativa y procesal.
Sin metas no hay política
El vacío metodológico más grave, sin embargo, es transversal a las catorce propuestas: no hay línea base, no hay indicador, no hay plazo, no hay institución responsable, no hay presupuesto ni mecanismo de corrección para ninguna de ellas. Un partido que aspira a gobernar la seguridad de un país no puede limitarse a enunciar objetivos —reducir delitos, recuperar territorios, disminuir la impunidad—; tiene la obligación de decir cómo sabremos, en año tres, si algo funcionó: la prospección.
Mientras esa arquitectura de evaluación no exista, este paquete seguirá siendo lo que es hoy: catorce buenas intenciones, algunas ya en marcha en otros lugares, ordenadas alrededor de una contradicción de origen que nadie, todavía, se ha atrevido a resolver por escrito y mucho menos, en territorio.
Biografía: Alberto Guerrero Baena es Consultor y Estratega en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal.
Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad en diferentes espacios de la Radio y Televisión en CDMX y Michoacán. Correo electrónico: albertobaenamx@gmail.com
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.