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El Mundial de futbol y la infraestructura para el espectáculo

La organización del certamen trasciende el ámbito deportivo y se convierte en un desafío de planeación urbana.
El Mundial inicia en México en medio de obras inconclusas
Los eventos deportivos deben ser una oportunidad para mejorar la infraestructura urbana. No obstante, se requiere planeación, presupuestación responsable y una visión estratégica que permita convertir inversiones temporales en beneficios permanentes, apunta Angélica Manríquez Pérez. (Fotos: AFP / Cuartoscuro)

Ningún otro acontecimiento deportivo despierta una atención comparable a la del mundial de futbol. De acuerdo con datos de la FIFA, la ceremonia inaugural fue seguida por más de 1,200 millones de personas en todo el mundo. Para dimensionar esta cifra, basta señalar que el Super Bowl 2026 reunió aproximadamente a 210 millones de espectadores. El mundial es, sin duda, el mayor fenómeno deportivo global, quiza solo comparable con las olimpiadas.

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Sin importar los conflictos internacionales o las manifestaciones en las ciudades sede -como en la Ciudad de México- el mundial avanza de acuerdo con los tiempos y las exigencias de la FIFA en un marco de gobernanza.

Como ocurre en cada edición, las ciudades sede han tenido que adaptarse a una serie de exigencias y requisitos establecidos por la FIFA. Algunos de estos requisitos están directamente relacionados con la actividad deportiva, como sucede con los estadios o los campos de entrenamiento. Sin embargo, otros requerimientos tienen un impacto más amplio sobre el entorno urbano y en la vida de quienes habitan las ciudades anfitrionas.

Algunos de estos requerimientos consisten en: la existencia de aeropuertos de alta capacidad, sistemas de movilidad eficientes, infraestructura tecnológica y de telecomunicaciones, así como planes integrales de conectividad; redes de infraestructura vial adecuada y garantía de suministro de agua, entre otros. La organización de un Mundial trasciende el ámbito deportivo y se convierte en un desafío de planeación urbana.

Corresponde a los gobiernos locales definir las obras y proyectos necesarios para atender estas exigencias, así como las fuentes de financiamiento para realizarlos. En la mayoría de los casos, una parte significativa de estos recursos provienen del erario. Por ello, la infraestructura asociada a una justa mundialista debería atender a una lógica que vaya más allá de las necesidades del espectáculo deportivo, y traducirse en un beneficio a largo plazo para quienes habitan esas ciudades.

Para este mundial de futbol 2026, los capitalinos fuimos testigos de varias obras públicas en la Ciudad de México, varias de ellas realizadas en un periodo de tiempo relativamente corto, pese a que la designación como ciudad sede se dio hace varios años. Algunas de estas obras públicas son: la ciclovía en calzada de Tlalpan, calzada flotante de Tlalpan, la renovación y mantenimiento del tren ligero, así como la remodelación del aeropuerto internacional de la Ciudad de México y de algunas estaciones del sistema de transporte colectivo metro. Cabe destacar que algunas de estas obras estuvieron orientadas principalmente al mejoramiento de la imagen urbana, pero no resuelven los problemas estructurales de movilidad que diariamente enfrentan millones de personas en la ciudad.

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Incluso proyectos con potencial para mejorar la movilidad como la ciclovía de calzada de Tlalpan, han generado debates sobre su utilidad real y el aumento del tráfico en esa avenida principal. En contraste, la adquisición de nuevos trenes para el tren ligero y el mantenimiento de su infraestructura, parece responder de manera más directa a necesidades permanentes de transporte público.

Aún no se conoce con precisión el costo de las obras realizadas en la Ciudad de México con motivo del mundial de futbol, sin embargo, la discusión debe ser también una oportunidad para reflexionar sobre las prioridades de inversión pública en una metrópoli de más de veinte millones de habitantes que diariamente enfrentan retos en materia de infraestructura básica, particularmente en aspectos de movilidad.

Lo anterior cobra aún más relevancia si tomamos en cuenta que según el índice Cities in Motion del ISESE Business School, la Ciudad de México retrocedió 9 posiciones en uno de los indicadores internacionales que evalúan la sostenibilidad urbana, pasando del lugar 111 a 120 a nivel global, lo que refleja rezagos persistentes en áreas clave como: desarrollo urbano sostenible, medioambiente, tecnología y movilidad.

Los eventos deportivos deben ser una oportunidad para mejorar la infraestructura urbana. No obstente, se requiere planeación, presupuestación responsable y una visión estratégica que permita convertir inversiones temporales en beneficios permanentes.

Valdría la pena preguntarnos entonces ¿cuál será el legado que nos dejará las obras públicas del mundial 2026?

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Nota del editor: Angélica Manríquez Pérez es especialista en Derecho Constitucional, Administrativo y Electoral. Catedrática de la Facultad de Derecho de la UNAM y de la Universidad Panamericana. Ha colaborado para la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, entre otros. Escríbele a angelica.manriquezperez@gmail.com Síguela en X como @ManriquezAngi y en Instagram como angelica.manriquezz Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

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