Aunque la salud digital se viene explorando desde 2010, la pandemia por Covid-19 aceleró su adopción, impulsando herramientas como la telemedicina, los registros médicos electrónicos y la receta digital. Tan solo entre 2018 y 2022, las consultas digitales crecieron hasta cuatro veces, mientras que el mercado de salud digital en México aumentó un 300% .
El desafío ahora radica en traducir este avance normativo en modelos operativos funcionales, integrando tecnología, procesos clínicos y cumplimiento regulatorio en entornos con distintos niveles de madurez digital.
Fortalecer lo que ya existe
Uno de los principales desafíos es consolidar herramientas que ya forman parte del marco regulatorio, como el expediente clínico electrónico. Más que crear nuevos esquemas, el foco está en fortalecer los sistemas existentes, garantizando interoperabilidad, seguridad y una adecuada gestión de la información clínica. La digitalización, en este sentido, es tanto un proceso de consolidación como de innovación.
Sin embargo, el proceso actual de certificación ante la DGIS de la Secretaría de Salud resulta altamente complejo: incluye múltiples etapas, módulos y puede tomar entre 8 meses y un año, además de exigir la recertificación en cada actualización del sistema. No es casualidad que, hasta ahora, solo se reporten 27 sistemas certificados.
Necesidad de claridad regulatoria
Existen iniciativas que han avanzado en la práctica, pero que aún requieren mayor definición normativa. La receta médica digital es uno de los ejemplos más representativos. Actualmente los prestadores de servicios de recetas médicas electrónicas dependen de farmacias que puedan validar electrónicamente la emisión de los documentos, por lo que no es un servicio con alcance universal, sino una interpretación específica de la NOM 151 que regula la preservación de mensajes de datos y la digitalización de documentos.
Interoperabilidad
La integración entre instituciones es uno de los retos estructurales más relevantes. En México, organismos como el IMSS, el ISSSTE, IMSS-Bienestar, la Secretaría de Salud y los sistemas estatales operan con plataformas y niveles de digitalización distintos.
Esta diversidad de sistemas representa un reto para la interoperabilidad, entendida como la capacidad de compartir información de manera segura, eficiente y estandarizada entre instituciones, un elemento clave para la continuidad de la atención médica.
Infraestructura y capacidades operativas
La implementación de servicios de salud digital depende de la infraestructura tecnológica disponible y de la capacidad operativa de las instituciones. En la práctica, existen diferencias relevantes en el nivel de digitalización entre hospitales y sistemas de salud, lo que implica la necesidad de fortalecer capacidades técnicas, invertir en tecnología y adaptar procesos internos para una adopción efectiva.
Por otra parte, el manejo de datos personales sensibles es un componente central en este proceso. Los expedientes clínicos digitales, por ejemplo, requieren mecanismos robustos de protección y control. A nivel global, el costo promedio de una filtración de datos alcanzó los 4.45 millones de dólares en 2023, de acuerdo con IBM , lo que evidencia la relevancia de integrar la ciberseguridad como parte estructural de los sistemas de salud digital.