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#ZonaLibre | Vape: por una solución más profunda

Uno de los problemas de la prohibición tácita y la búsqueda de exterminar los productos en la sociedad es que crea un problema que lamentablemente busca solucionar la delincuencia organizada.
mié 01 junio 2022 05:02 AM
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El presidente Andrés Manuel López Obrador fue reconocido por la OMS por su liderazgo y apoyo inquebrantable para fortalecer las medidas de control de tabaco en México.

En una guerra frontal contra los cigarros, vapeadores y cigarrillos electrónicos, el gobierno federal, comandado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud. Justo el 31 de mayo, Día Internacional Sin Tabaco.

El decreto ha sido tajante: prohibición de venta y distribución de estos productos electrónicos, pero también su importación y exportación. Contra los cigarros, la bancada de Morena ha emprendido una cacería, a tal grado que se busca prohibir su consumo en playas, estadios, parques y centros de espectáculos.

El anteproyecto ya está firmado por el presidente y la Secretaría de Salud.

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La nueva disposición contra el tabaco tiene la intención de borrarlo de toda forma de promoción, pues quedará suspendida la publicidad en redes sociales y videos de streaming. Sumándose esto, a la prohibición de comerciales en televisión, radio, espectaculares, entre otros.

La sociedad en su conjunto sabe que el tabaco hace daños irreversibles a la salud, muy lejanos quedaron los años donde la publicidad del cigarro tenía que ver con estatus y poder. Las nuevas generaciones han disminuido drásticamente su uso, gracias a un esfuerzo colectivo que tardó años, pero que poco a poco trajo buenos resultados.

Para muchos jóvenes, el uso del tabaco no solo se considera dañino, sino “pasado de moda” e incluso son intolerantes a su olor.

Desde su aparición y popularización, los vapeadores y cigarros electrónicos parecían una solución asertiva para ayudar a reducir el consumo del cigarro, a quienes ya lo consideraban una adicción. Sin embargo, los múltiples estudios de distintas universidades, laboratorios como sectores públicos de salud, han concluido que dichos aparatos son dañinos en múltiples maneras: tos, falta de aire en los pulmones, opresión en el tórax, manchas en pulmones, inflamación del sistema pulmonar; y lo peor, cáncer.

Durante la pandemia fue considerado uno de los peores aliados del COVID-19 contra la salud de los seres humanos.

La determinación del gobierno contra estos dispositivos podría considerarse un acierto, entendiendo todo el daño que puede provocarnos. Hasta ahí, todo está muy bien.

Uno de los problemas de la prohibición tácita y la búsqueda de exterminar los productos en la sociedad es que crea un problema que lamentablemente busca solucionar la delincuencia organizada.

Para la Interpol, son las redes delictivas -o mafias- las que se encargan del tráfico de drogas, mercancías ilícitas, armas, trata de blancas, falsificaciones de documentos internacionales y blanqueo de capitales.

¿Se unirán los vapeadores y cigarros electrónicos a esa red? La respuesta es sí. Eso supone un problema mayúsculo.

En la actual era de la cancelación en que vivimos, las prohibiciones han originado diversos conflictos sociales. Las redes sociales incendiadas nos han demostrado que existe un enojo generalizado, trastornos evidentes como ansiedad, depresión y pánico.

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El combate frontal del gobierno contra los estupefacientes tiene que ir de la mano con el apoyo sicológico y campañas eficaces contra trastornos emocionales, secuelas que nos ha dejado el encierro a causa de la pandemia y el daño causado en la salud, en la economía y un duelo social que prevalece.

Para el siquiatra Alejandro Navarro, los cigarros son la primera droga que los jóvenes conocen. Es una puerta a conocer otras más adictivas. Pero todo tiene que ver en la actividad cerebral, en lo que sucede dentro de ese embrollo de emociones y cómo buscamos adormecer nuestro propio cerebro.

La guerra contra el tabaco es un primer paso exitoso, que debe de tomarse muy en serio, a fin de que funcione. No solo a seguir apartando a los jóvenes de las drogas, sino a reconocer que es necesaria una estrategia aún más profunda que pueda colaborarnos para salir adelante de forma resiliente, a toda la sociedad, del trauma general que nos ha causado la pandemia, la violencia y los efectos nocivos de la inflación económica.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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