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#ColumnaInvitada | ¿Por qué es importante votar este 6 de junio?

Cuando votamos no sólo elegimos a una persona, también decidimos por un proyecto de nación y por el futuro al que aspiramos. Por esta razón, tenemos que revalorar el ejercicio del voto
sáb 05 junio 2021 11:59 AM
elecciones
Participar para decidir.

Estamos a unas horas de iniciar una jornada electoral inédita, no sólo por el número de cargos que están en juego, sino también porque es la primera vez que implementamos un gran número de acciones afirmativas a favor de grupos históricamente discriminados: personas que viven con alguna discapacidad, indígenas, afromexicanas, comunidad mexicana migrante residente en el extranjero y pertenecientes a la comunidad LGBTTTIQ+, con el propósito de que su existencia, necesidades e intereses dejen de ser invisibilizados.

También es el primer proceso en el que implementamos la reforma en materia de violencia política contra las mujeres en razón de género, así como la reforma constitucional de “paridad en todo”, lo que hizo posible la postulación paritaria en las candidaturas a las gubernaturas.

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Actualmente, el ejercicio del voto es un derecho reconocido por igual para mujeres y hombres, pero esto no siempre fue así; las mujeres hemos tenido que ir conquistando los derechos de ciudadanía paulatinamente a lo largo del tiempo. En Atenas, por ejemplo, sólo eran ciudadanos los hombres libres mayores de 18 años –es decir, no podían serlo las mujeres, los esclavos, ni los extranjeros residentes–, la ciudadanía se adquiría por nacimiento; se consideraba como un privilegio que no estaba al alcance de todas las personas, únicamente algunos hombres podían ejercer su voto y tener voz en las asambleas por lo que el poder político recaía sólo en ellos.

Fue hasta los siglos XIX y XX, que se gestaron movimientos sociales impulsados por grupos a quienes se les habían negado sus derechos fundamentales y, con lo cual, reivindicaron también el valor del voto. Por ejemplo, en Estados Unidos, los afroamericanos obtuvieron el reconocimiento al voto en 1870, mientras que las mujeres pudieron ejercerlo a partir de 1920. En México, los esfuerzos por garantizar los derechos políticos –entre ellos el derecho al voto– no han sido sencillos y han sido resultado de una lucha permanente. Fue a partir de las reformas a los artículos 34 y 115 de la Carta Magna que se reconoció el sufragio femenino en el ámbito federal hasta 1953.

Varias décadas después, obviamos reiteradamente el valor que tiene el derecho al voto –algo parecido a lo que sucede con la libertad–, son condiciones que tenemos ahora al alcance y nadie cuestiona; pero también son derechos que han implicado innumerables batallas de grupos o personas excluidas. El derecho al voto igualitario representa una conquista ciudadana invaluable; en la actualidad, podemos afirmar que el sufragio universal es una condición mínima de la democracia y uno de los deberes cívicos más relevantes en cualquier sistema democrático dado que se permite que las mayorías elijan y legitimen a nuestros representantes y gobernantes.

Cuando votamos no sólo elegimos a una persona, también decidimos por un proyecto de nación, de orden social y por el futuro al que aspiramos. Por esta razón, tenemos que revalorar la posibilidad de acudir a las urnas para ejercer el voto tanto por mujeres como por hombres.

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Acudir a las urnas es sólo el paso inicial. También es imprescindible que la ciudadanía se involucre, proponga, cuestione y participe, pues sólo así se podrán lograr cambios verdaderamente democráticos. Por ello, la corresponsabilidad de las decisiones tomadas en las urnas es una obligación para toda la ciudadanía. Para ser partícipe del futuro y tener injerencia en el cambio es imperativo que valoremos el poder que tienen nuestras decisiones en las urnas. Mediante nuestra participación podemos incidir en la esfera pública y ésta inicia acudiendo a emitir un voto informado, conscientes del valor que éste tiene y de sus implicaciones.

Es fácil criticar o reprochar a los demás por nuestro descontento, sin embargo, la descalificación permanente y el desdén no construyen, así que debemos utilizar las reglas del juego democrático y revalorar la importancia de la emisión del voto en nuestra vida cotidiana, lo cual implica que participemos activamente en la política.

Luchar por el pleno reconocimiento de derechos, por la inclusión de los demás y por asegurar entornos libres e igualitarios han representado batallas sumamente valiosas para la humanidad. Por eso la participación es fundamental: para encausar el rumbo de la democracia. Sólo así discerniremos si estamos avanzando o simplemente permanecemos estancados en ciclos basados en el crecimiento y la crisis, en la guerra y la paz, así como en el auge y la decadencia de nuestra democracia.

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Sin duda, las luchas que han sorteado las generaciones pasadas para consolidar todo lo que hemos logrado hasta ahora ha valido la pena. No podemos traicionar ese espíritu ni olvidar el camino que hemos transitado; si en verdad queremos cambiar el entorno en el que vivimos, primero hay que empezar modificando nuestra realidad más inmediata. Así, el voto se convierte en un elemento sustantivo para avanzar en este proceso; para consolidar un mundo mejor. La participación política y el sufragio efectivo deben ser un anhelo constante porque es parte indispensable de nuestra mexicanidad, parafraseando a Carlos Fuentes, la democracia mexicana es parte de nuestra herencia, pero no de nuestra indiferencia.

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Nota del editor:

La autora es Consejera Electoral en el Instituto Nacional Electoral (INE).

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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