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#ColumnaInvitada | El canto de las sirenas

Ha llegado el momento en que se debe ya cortar el seguimiento al canto de las sirenas que proviene de Palacio Nacional cada mañana y en todo momento.
mar 16 febrero 2021 11:00 AM
Tanto en 2006 como en 2012, López Obrador ha propuesto disminuir el precio de los energéticos. (Foto: Notimex)
El presidente en una de sus conferencias.

En el país nada marcha bien. Nunca en los últimos 100 años se ha vivido la desolación que hoy invade todos los espacios públicos y privados. Mortandad, destrucción y desorden parecen ser ingredientes del panorama general en nuestra querida nación. Ante la simple pregunta de si las personas se sienten o están mejor que como se encontraban hace 1 o 2 años, la respuesta fulminante (más allá del discurso público) es que prácticamente todos nos sentimos realmente desolados.

En condiciones normales, ante estas circunstancias, el nivel de exigencia de cambios en las políticas públicas que han profundizado las crisis sanitaria, económica y de inseguridad, sería visible e intenso. Es por esto que es de llamar de atención la pasividad social que se aprecia en casi todo el país. Aunque hay efervescencia en redes sociales entre muchos sectores sociales inconformes, hay una gran masa poblacional que se muestra tolerante o resignada ante lo que estamos presenciando por parte del gobierno federal en turno. La capacidad contestataria atenuada.

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La razón parece ser que para esos sectores tolerantes (o incluso aplaudidores) lo que dice el ocupante de Palacio Nacional es suficiente. Vemos así que existe una narrativa, cadena de mensajes, eventos y declaraciones que envuelven y opacan todo lo demás que sucede en el país. Es una forma maquiavélica de comunicación que provoca una desviación continua de la atención a los temas centrales que ameritan foco. La pregunta es cuanto tiempo más los esquemas de engaño autoritario seguirán teniendo éxito a través de simulaciones y escenografías que en forma sofista (aunque perversamente eficaz) encubren la bola de nieve de problemas que la 4T ha provocado y no quieren que se discutan de fondo.

Un ejemplo patente y fulminante lo constituyen las obras faraónicas que en forma obstinada ha lanzado el Presidente, y para las cuales no hay sustento lógico para su viabilidad –son meras puestas en escena de un perverso circo mediático. Ante el agotamiento de estos esquemas ya incluso se recurre en forma creciente a los “otros datos”, mismos que crecientemente se apartan de la realidad para constituir verdaderas falacias. En ese contexto en estos días vimos una forma vil de distracción como fue la “inauguración” de una pista en el aeropuerto de Santa Lucía. En forma increíble se presentó un show mediático de muchas mentiras. Aquí damos recuento de varias de ellas para que haya registro de lo que realmente sucedió.

El aeropuerto militar de Santa Lucía inició operaciones en 1952, por lo que en estos días no se inauguró realmente nada. Se hicieron unas adiciones a pistas existentes y se destrozaron obras de las instalaciones militares que se habían renovado apenas en 2011. Todo es fruto de un capricho como es el de seguir la irresponsable sugerencia del Sr. Riobóo quien sin saber nada de aeronáutica tuvo la peregrina idea de que se podía optar por usar ese aeropuerto y modificarlo para ser usado en paralelo con el Benito Juárez y el de Toluca. A sabiendas de que Texcoco es la mejor alternativa conforme a estudios de varias décadas, irresponsablemente hacen esto.

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El día de la presunta inauguración vimos cómo se montó el engaño de decir que había instalaciones nuevas, mismas que nadie pudo ver. Pero además se dijo que se probaba la operación simultánea, cuando en ese lapso se tuvieron que suspender operaciones en el Benito Juárez y en Toluca (porque no hay estudios ni permisos de operación). Los aterrizajes del avión militar se hicieron sin torre de control ni con apego a reglas de seguridad, y en el caso de los 3 aviones comerciales, los mismos lo hicieron volando por horas para que finalmente pudieran entrar a la pista, pero los 3 sin pasajeros ni destino lógico alguno (no hay autorizaciones para vuelos con pasajeros). Circo, maroma y teatro para sostener un capricho presidencial.

De este tamaño es la insensatez de derrochar dinero público en una pifia de ingeniería, de economía, y de sentido común. El impulso económico que el aeropuerto de Texcoco podrá dar en cuanto se recupere, se demorará por mantener una narrativa absurda. Además en este caso queda evidente el nocivo creciente poder de los militares que no solamente construyen esa base, sino que sin fundamento alguno se les ha asignado como propia la operación eventual de la parte civil. Más abusos.

El punto central es que ante la triple crisis que nos agobia a todos no es posible ni lógico que el Presidente siga ocultando los problemas que requieren puntual atención. El Covid-19 ya es la principal causa de muertes en el país con cifras que dan hoy en promedio 1,500 decesos por día (1 persona cada minuto), y no hay forma en que con el nivel raquítico de vacunación se vayan a obtener resultados de contención en el corto plazo. Las muertes se seguirán acumulando para enlutar a muchos hogares más. De las cifras oficiales de unas 170,000 muertes se aprecia que la cifra real sea más bien de 400,000 decesos en base a los excesos en estos mismos meses. Y la violencia no para, ni siquiera por la parálisis económica. México es un cementerio.

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Y es que el engaño no es la excepción sino la regla. Se engaña con: la lucha contra la corrupción (80% de adjudicaciones directas), fortalecimiento de entidades públicas (Pemex y CFE con pérdidas espectaculares), protección al medio ambiente (devastación de zonas naturales y uso de carbón y combustóleo), fomento de inversiones (con cancelación de proyectos y contratos previos que han erosionado la confianza en el país), mejora en seguridad (creciente militarismo y erosión de autoridades civiles), servicios de salud (eliminación del Seguro Popular y desabasto generalizado de insumos y medicinas), pacificación del país (entrega de poder y control a la delincuencia organizada), ahorros presupuestales (austericidio que ha colapsado capacidades de gobierno), protección a mujeres (eliminación de estancias infantiles y de protección por violencia), y muchos otros focos de engaño.

Por ello ha llegado el momento en que se debe ya cortar el seguimiento al canto de las sirenas que proviene de Palacio Nacional cada mañana y en todo momento. Es urgente encontrar un nuevo rumbo en que la ciudadanía manifieste su desencanto con la conducción en el país. Como el Presidente no muestra ni el menor rasgo de corrección, ni siquiera en los temas de salud (habiendo él padecido Covid-19), la única salida es por la vía democrática. Y ahí el 6 de junio es la fecha clave para que una Cámara de Diputadas no sumisa al Ejecutivo ejerza un control presupuestal que empuje el gasto público en una nueva dirección.

Es por esto que lo decimos y reiteramos, ni un voto para Morena. No sigamos mareados con los engaños. Despertemos y confiemos en la capacidad de decisión que el gran electorado tendrá en las boletas. El futuro de un país con derechos y libertades depende de ello. @VaPorMéxico @SíPorMéxico

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Notas del editor:

Juan Francisco Torres Landa es Miembro Directivo de UNE.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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