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¿Robots o no?

Se acusa al gobierno de “pueblerino” por cuestionar la robotización, los pueblerinos son quienes no la cuestionan en nada.
lun 14 diciembre 2020 11:59 PM
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El presidente criticó a las empresas que utilizan robots.

Esta semana López Obrador cuestionó a las empresas que basan su producción en la robotización porque no generan empleos que serían necesarios para México. Su declaración sucedió luego de haber inaugurado una planta de alta tecnología del sector alimentario que, a pesar de ser una inversión millonaria, solo generaba 200 empleos.

La declaración fue duramente criticada por quienes creen que la automatización es un símbolo incuestionable del progreso y por quienes ven en ella el futuro ineludible de la economía global. Acusaban a López Obrador de ser un “pueblerino” estancado en los setenta.

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Lo malo es que los pueblerinos son ellos. Cuestionar la automatización y cómo se desarrolla no tiene nada de pueblerino. Hacerlo se encuentra en la vanguardia de los debates más innovadores de política pública actuales ( Rodrik & Sabel 2019 ).

Ello se debe a que hoy sabemos, por ejemplo, que una automatización sin freno y enteramente dirigida por las fuerzas del mercado aumentaría la desigualdad. No solo llevaría a que la economía creciera mucho para un puñado de personas que ya son privilegiadas ( Berg et al 2018 ), sino que crearía desequilibrios políticos graves.

Hoy sabemos, también, que educar a los trabajadores para que mantengan sus trabajos aún si hay robots es una buena idea, pero es profundamente insuficiente. Toma décadas crear una fuerza laboral bien equipada para un cambio tecnológico que avanza a pasos agigantados.

Es necesario cuestionar la automatización porque es urgente crear incentivos fiscales, legales y de gasto público que encaminen a la robotización en un camino socialmente productivo. Estos incentivos no son a los trabajadores, sino a los productores.

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Una buena política, actualmente en discusión, es la importancia de influir en el tipo de inversiones que llegan a México. Por ejemplo, el gobierno podría dar incentivos fiscales o subsidios a compañías que tengan procesos robotizados que complementen a los trabajadores, en lugar de aquellas que simplemente los substituyen.

Además, es crítico tener una discusión seria sobre cómo cambiar al código fiscal para que se no se premie a los robots por encima de los trabajos ( Acemoglu et al 2020 ). Actualmente, en México, es fiscalmente más barato “emplear” un robot que a una persona. Ello no debería ser así. Por el contrario, fiscalmente debería haber incentivos para crear trabajos.

Los incentivos a la robotización provienen de los impuestos a la seguridad social y a la nómina. Estos dos impuestos son costos que encarecen la generación de empleo humano y facilitan la compra de robots (que además de todo, son deducibles).

Ambos impuestos (seguridad social y nómina) deberían ser substituidos por (a) una seguridad social que no esté ligada al empleo formal sino que sea pagada con impuestos generales, y (b) impuestos a la propiedad que sean mucho más progresivos que los impuestos a la nómina. Solo de esa forma se daría privilegio al trabajo por encima de la automatización.

En general, no solo es necesario sino urgente cuestionar las formas en las que la automatización sucederá en México y en el mundo. El cuestionamiento debe ir encaminado a incentivar los tipos de robotización que son positivos para la mayoría y desincentivar los que solo generan beneficios para unos pocos.

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No queremos volver a cometer el mismo error que se creó con el comercio internacional: una política que sin duda fue positiva pero que afectó a muchísimas personas, sobre todo agricultores, pequeñas empresas y trabajadores poco calificados, que no fueron compensados por sus pérdidas.

Yo no creo que López Obrador tenga en mente política muy vanguardistas cuanto critica la robotización, pero creo que nosotros sí debemos tenerlas.

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Nota del editor:

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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