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Lecciones desde Estados Unidos

Don Porfirio Salinas señala que hay muchas lecciones que se desprenden de la elección en EU, muchas cosas que debemos estudiar, entender y aprender para leer mejor los procesos electorales.
lun 09 noviembre 2020 11:58 PM

La elección estadounidense de la semana pasada es histórica en muchos aspectos: la mayor participación en un siglo; los candidatos más votados de la historia; primera vez que una mujer, de ascendencia negra e india, llega a la vicepresidencia; y es de las contiendas más competidas que se hayan visto; entre muchas otras cosas.

Hay muchas lecciones que se desprenden de esta elección, muchas cosas que debemos estudiar, entender y aprender para leer mejor los procesos electorales. Quizá lo más importante es que no debemos confiarnos de todo lo que oímos, y mucho menos encerrarnos en cámaras de eco.

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Muchos analistas y encuestadores tomaron el camino fácil de las lecturas sesgadas y superficiales, para reconfirmar sus propias creencias y deseos a través de sus opiniones. Lejos de tratar de entender el verdadero contexto social de aquel país, trataban de interpretar al votante estadounidense desde sus posturas y animadversiones.

Se dejaron llevar por una diversidad de encuestas públicas que claramente estaban leyendo mal al elector de aquel país, como también lo hicieron hace cuatro años cuando surgió el fenómeno trumpista. En lugar de aprender de aquel error, lo replicaron.

El principal error fue nunca dedicarle suficiente tiempo e investigación a entender por qué había logrado Trump los niveles de popularidad y respaldo que logró en 2016, y que mantuvo durante estos cuatro años, al menos con su base social que nunca se redujo significativamente.

Ante las claras incapacidades de Trump para gobernar, y su estilo marcado por los caprichos y berrinches, la mayoría de analistas y líderes de opinión prefirieron señalar y enfatizar esos errores, y cómo algunos grupos sociales rechazaban cada vez más al presidente.

De lo que no se ocuparon fue de observar y entender a la otra mitad. Esa mitad que por décadas se había sentido agraviada por agendas llamadas progresistas, ajenas a su vida diaria y que, en su visión, les habían afectado en sus posibilidades de desarrollo.

Esa mitad que había sido marginada e ignorada por las élites de las costas, que con sus esfuerzos por impulsar diversidad e inclusión de minorías, se olvidaron que también el americano promedio existía.

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Un americano promedio claramente con menores posibilidades de acceso a educación, y sin acceso a las acciones afirmativas que beneficiaron correctamente a tantos grupos sociales, pero que a ellos los fueron rezagando.

Un americano promedio que iba guardando cada vez más presión y frustración interna ante los excesos de la “corrección política”, que por décadas impidió a muchos expresarse con la libertad que ellos buscaban, por miedo a “herir susceptibilidades”.

Con la irrupción de un personaje como Trump, poco sensible a las formas y protocolos, con un lenguaje coloquial e irreverente, ese americano promedio finalmente se vio reflejado y tomado en cuenta.

Esa realidad se cocinó durante décadas, y en muchos aspectos se agravó durante la presidencia de Obama. Las tensiones sociales y la polarización fueron creciendo al punto de llevar a la sociedad estadounidense a un entorno de extremismos y confrontación.

Y por supuesto, con Trump en el gobierno, esa polarización creció exponencialmente, en buena medida alimentada por una incapacidad del resto de los actores políticos de salirse de esa dinámica. Los demócratas no lo entendieron en 2016, y los republicanos no quisieron enfrentar a su presidente.

Es por esa realidad que las encuestas que daban ventajas tan cómodas a Biden durante la campaña eran simplemente increíbles. En un entorno social tan crispado, esas distancias eran imposibles.

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El 3 de noviembre se comprobó que la realidad era muy distinta. Las diferencias de voto popular entre ambos candidatos resultaron mínimas. Tanto, que pasaron varios días en vilo esperando resultados de muchos estados clave, en donde la ventaja fue cortísima.

Esa realidad también se reflejó en las cámaras del Congreso. Los demócratas no lograron mayoría en el Senado a pesar de que muchas encuestas decían que sí. Y apenas mantuvieron mayoría simple en la Cámara de Representantes, perdiendo incluso algunos escaños.

Muchos creyeron que con las tensiones raciales exacerbadas en el verano, las protestas sociales, los estragos de la pandemia, e incluso el contagio de Trump con COVID serían la estocada mortal. No entendieron que esos sucesos reforzaban y reanimaban a la base social trumpista.

Y, lamentablemente, los demócratas no supieron leer esa tensión social tan evidente y se confiaron en sus campañas a los diferentes cargos de elección popular, que se basaron en la confrontación y en minimizar al trumpismo.

Hoy que, afortunadamente, se aclaró la eventual victoria de Biden, EU está ante un dilema fundamental: darle la vuelta a la página y seguir como si nada hubiera pasado, o ahora sí entrar en una reflexión profunda que permita detonar un proceso de reconciliación y cohesión social.

El discurso de victoria de Biden el sábado es quizá el primer buen discurso que se le ha escuchado. Enérgico y contundente llamando a la unidad, a hacer las paces, a trabajar juntos y a zanjar las diferencias. Un discurso maduro y positivo que hubiera servido mucho durante la campaña.

Será fundamental que Biden, efectivamente, emprenda una estrategia integral de recomposición social si quiere tener viabilidad en su administración, y si busca fortalecer a los demócratas para las intermedias, que no se prevén sencillas en lo absoluto.

Para México, esta elección debe hacer pensar a todos los actores políticos de cara a 2021 sobre el difícil entorno social que vivimos, la polarización, y la falta de madurez y sensatez que hoy los caracteriza. Ni los evidentes errores presidenciales significan menos apoyo social, ni la oposición está actuando distinto al presidente. Aprendamos la lección y empecemos a actuar por el país.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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