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El descenso de AMLO en perspectiva

Más allá del ruido que suelen generar adeptos y detractores, vale la pena poner las cifras de aprobación del presidente en perspectiva.
mar 03 marzo 2020 05:50 PM
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Defensa. El presidente argumentó este lunes que la caída en su popularidad se debe al combate al conservadurismo.

La caída en la aprobación del presidente que recién consignan varias encuestas dará mucho de que hablar. Pero es probable que el ruido de adeptos y detractores, siempre tan ayudados por el altavoz que brindan los medios de comunicación, pero también atendiendo una voraz demanda social de opiniones sin matices y juicios lapidarios, interfiera con la posibilidad de que se escuche la señal que los datos están registrando. Desde luego, siempre es fascinante contemplar ese contraste entre la acalorada disputa por su significado, eso que los estadounidenses llaman el spin, y la escueta frialdad de las cifras. Dicho espectáculo; sin embargo, muy rápido se vuelve predecible, mengua, se desfonda. Lo que queda de él, al final, no suele ser el mérito de los argumentos sino la impresión de que ahí hubo un desacuerdo, incluso un pleito. Cada quien acaba absolutamente convencido de que “ganó” justo el lado con el que siempre estuvo de acuerdo. Con demasiada frecuencia sucede, lo sabemos, que la esfera pública funciona menos como un foro para la deliberación que como un escenario para el performance.

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Con todo, quizá vale la pena –parafraseando a René Delgado– tratar de rescatar lo que es la información de lo que puede terminar siendo la nota. Para ello, propongo poner en perspectiva los números de Andrés Manuel López Obrador comparándolos, para periodos equivalentes, con los de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enique Peña Peña Nieto. Me baso en el Poll of Polls de Oraculus ( https://oraculus.mx/aprobacion-presidencial/ ).

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Veamos, primero, cómo empezó cada uno. A los tres meses de desempeñarse en el cargo, en febrero de 2019, López Obrador promediaba una aprobación de 81% y una diferencia entre positivos y negativos de +67. En febrero de 2001, a Fox lo aprobaba el 71% y tenía una diferencia de +55. Mientras tanto, en febrero de 2007, a Calderón lo aprobaba el 64% y su saldo era de +40. Por último, Peña Nieto, en febrero de 2013, contaba con el respaldo del 57% y un saldo favorable de +26. En la breve historia de la democracia mexicana, pues, ningún presidente había comenzado con una aprobación tan elevada ni con un balance a favor tan amplio como AMLO.

¿Y un año después? En febrero de 2020, la aprobación de López Obrador está 19 puntos por debajo (62%) y el saldo entre su aprobación y desaprobación se redujo 38 puntos (a +29). En el caso de Fox, para febrero de 2002, su aprobación había descendido 21 puntos (a 50%) y la diferencia entre sus positivos y negativos perdió 46 puntos (era +9). Calderón, en febrero de 2008, estaba casi igual: con una aprobación un puntito por arriba (65%) y un saldo positivo dos puntitos por debajo (+38). Peña Nieto, para terminar, había perdido 7 puntos de aprobación (estaba en 50%) y el balance a su favor era 19 puntos más bajo (+7). En resumen, a 15 meses de haber tomado posesión, López Obrador tiene una aprobación relativamente alta, casi empatada con la de Calderón (62 contra 65%, respectivamente), pero la magnitud de su descenso en cuanto a la diferencia entre quienes lo aprueban y lo reprueban es la segunda más grande, solo menor a la que experimentó Fox (-38 contra -46 puntos).

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Por supuesto, cada sexenio es un mundo y sería necesario ponderar las causas detrás de esas cifras y esos cambios para contar con un perfil mejor definido de cada uno. Por lo pronto, lo que está claro son dos cosas. Una, que López Obrador empezó más fuerte que ningún otro presidente. Y dos, que sus niveles actuales están significativamente por debajo de donde empezó, pero aún así siguen ubicándose en lo que sería el rango superior de la distribución, si bien ya no son extraordinarios.

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Probablemente, sus detractores enfaticen la tendencia (que es negativa) y sus adeptos el nivel (que está, digamos, en la parte alta de la normalidad). Ambos, sobra decirlo, con su pedazo de razón. Pero la pregunta de mayor trascendencia no es por los vaivenes de la conversación pública, sino por el rumbo en el que se encamina el país. Es cómo interpretarán los distintos actores del sistema político, los mandamases de la economía y el conjunto de la sociedad civil, esos números. Y qué harán en consecuencia. Empezando, evidentemente, por el propio presidente López Obrador.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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