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#ColumnaInvitada | Ley de Amnistía, ¿es posible la reconciliación?

La reconciliación por medio de la amnistía es posible, pero el trabajo va más allá de liberar a quienes están en la cárcel; se necesita de un trabajo multifactorial que no ignore la realidad.
jue 09 enero 2020 06:00 AM
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Paz. El presidente mostró un pañuelo blanco en una de sus mañaneras a manera de reconciliación y paz.

Hay quienes dicen que la Ley de Amnistía es una invitación a delinquir, otros la califican como una propuesta para disminuir la injusticia social de un sistema judicial ineficiente, algunos la ven como estrategia para modificar las cifras a favor de demostrar una disminución de la escalada delictiva, pero ¿cuál es la propuesta? En conferencia de prensa en meses pasados, se anunció que su objetivo era dejar en libertad a quienes no tuvieron una defensa adecuada por delitos que no fueron violentos, de sangre.

Se aludió a que existía un número significativo de personas que se encontraban en los penales por delitos menores, provocados por el hambre y la pobreza, siendo las féminas, los jóvenes y los grupos indígenas los más afectados. Las primeras presionadas y amenazadas por sus parejas, los segundos por no contar con oportunidades de educación o empleo y los terceros por carecer de procesos de traducción.

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En este sentido, la amnistía contempló ser decretada a personas que no fueran reincidentes en los siguientes delitos: aborto, delitos contra la salud cometidos en condiciones de pobreza extrema, obligados por algún familiar o miembros del crimen organizados; cualquier delito cometido por personas de comunidades indígenas y que no pertenezcan a la jurisdicción del Estado, robo con violencia y delito de sedición.

No contempló a quienes hayan atentado contra la vida o la integridad corporal de otros, ni a quienes hayan cometido secuestro o utilizado un arma de fuego, considerando que no será aplicable a ningún delito en el futuro y que considera pocos actos cometidos en el Fuero Federal ¿Es posible llegar a la reconciliación? La verdad no es tan alentadora, tan solo partiendo del hecho de que para que sea funcional, los gobiernos estatales tendrían que hacer modificaciones a sus leyes porque los delitos que prevé son en su mayoría locales, por ende, no atendidos a nivel federal.

Recomendación: ¿A quién sí (y a quién no) beneficiará la Ley de Amnistía de AMLO?

Aunado a ello nos encontramos ante un panorama poco favorecedor desde el hecho de que el sistema penal en México tiene bastantes deficiencias en sus procesos, iniciando con la nula atención de los derechos humanos de las personas que se encuentran en conflicto con la ley, en este sentido, siempre cabrá la duda de que el proceso se esté realizando de manera adecuada.

Además, parece que nos encontramos ante un doble discurso en el que con esta acción se busca dar paz al país, hermanarlo, que las personas no seas estigmatizadas y criminalizadas, que la desigualdad económica y social no impere en los procesos penales, pero por otro lado se aprobó la prisión preventiva oficiosa que libera a muy pocos y encarcela a muchos a quienes ni siquiera se les ha probado el delito.

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Varias personas están de acuerdo con la medida de la prisión preventiva oficiosa porque parece resolver el conflicto y la preocupación de que “el delincuente” se escape tras haber cometido un delito grave como lo es el secuestro, el abuso sexual y asesinato y que siga libre cometiendo daños irreversibles en la sociedad, pero volvemos al punto de que el sistema penal mexicano tiene muchas fallas en sus procesos de investigación, las detenciones arbitrarias y el tradicional chivo expiatorio, siendo así ¿qué tan justo es?

No existe el perdón sin justicia. Mientras no logremos tener un sistema justo para el presunto culpable y para la víctima será imposible lograr la reconciliación en el país y en tanto no comprendamos que esto viene acompañado de reducir los índices de impunidad, no lo lograremos.

Conoce más: México 2020: Intención de paz, no de guerra

Se entiende y se comparte la idea de trabajar unidos por medidas pertinentes, por el rompimiento de estigmas de las personas en conflicto con la ley, pero no debemos negar el hecho de que quizá la solución además de ser reactiva, se puede ver tergiversada y manchada en el proceso. Existen más alternativas poco exploradas como el diseño de programas de prevención del delito para intervenir en las zonas más vulnerables en México, pero claro que los resultados no se ven de inmediato y eso preocupa a los gobernantes.

La reconciliación es posible, pero el trabajo va más allá de liberar a quienes no lo están ahora mismo, se necesita de un trabajo interseccional y multifactorial en el que no se construyan castillos sobre el aire, ignorando la realidad ante la que nos encontramos. No cerremos los ojos.

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Nota del editor: la autora estudió la licenciatura de Derecho en la Universidad Iberoamericana. Obtuvo el grado de Maestría en Administración Pública, con enfoque en Desarrollo Comunitario y Transformación Social en la Universidad de Nueva York. Actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación Reintegra.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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