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#VocesADN | T-MEC contra reloj y sin estrategia

Aunque el nuevo tratado comercial entre México, EU y Canadá ya fue aprobado, aún falta su ratificación y el escenario se está complicando para el gobierno mexicano, dice Don Porfirio Salinas.
López Obrador y Ebrard
Desafío. Marcelo Ebrard es el responsable de la política exterior de México.

Nota del editor: Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); y antagónico al Peñismo, contrario a esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

CIUDAD DE MÉXICO (ADNPolítico).- El 30 de noviembre, a unas horas de dejar la presidencia, Peña Nieto firmó con Trump y Trudeau la presentación del “nuevo” Tratado México, Estados Unidos y Canadá. La firma fue un mero acto publicitario ya que no era necesaria ni implica la formalización del tratado.

Pero a partir de esa firma, que enmarca en final del proceso de renegociación del TLCAN, los tres gobiernos debían enviar la propuesta de nuevo tratado a sus respectivos congresos, para cumplir con la ratificación y así entrar en vigor. En ninguno de los tres se ha enviado.

El T-MEC nació con presiones y prisas políticas. Primero, a México le urgía finalizar la negociación pues venían las elecciones de 2018, y Peña quería ser quien firmara. Ahora, estamos ante las elecciones intermedias de EU y las federales de Canadá.

Los tiempos políticos están poniendo en riesgo la ratificación, abriendo nuevos frentes que vulneran la concreción del T-MEC en EU y Canadá. Curiosamente, ahora en México es donde más fácil tiene su ratificación.

Pero el riesgo principal está en EU. De no ratificarse a más tardar a finales de julio, el proceso se retrasaría por la entrada en receso del Congreso en agosto, que reanuda sesiones en septiembre. Pareciera que no es grave la espera de un mes.

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Sin embargo, caeríamos en dos problemas. Por un lado, al reanudar sesiones, el Congreso se enfocará en discutir el presupuesto, que es altamente politizado. Y por el otro, sería la etapa final de las elecciones intermedias, que han sido una batalla campal entre demócratas y republicanos.

Y justamente el entorno electoral ha tenido un peso importante en el retraso de la ratificación del T-MEC. Ahora que controla la mayoría de la Cámara baja, Nancy Pelosi es muy cuidadosa de no darle victorias a Trump que puedan fortalecerlo, no solo en las intermedias sino en la reelección.

Pero, también, Pelosi no es propiamente una convencida de los tratados comerciales. Ya hace unos años, detuvo el proceso del tratado con Colombia por dos años. Aunado a que muchos congresistas demócratas no son pro tratados, lo que complica lograr una mayoría cómoda de votos.

Adicionalmente, con las pasadas elecciones llegaron muchos nuevos congresistas demócratas, que no han tenido experiencia alguna en la discusión y ratificación de tratados. La mayoría no entiende de estos procesos, y no tiene claros los beneficios del TLCAN para muchos estados de EU.

Este entorno adverso, se ha complicado aún más con los cuestionamientos que Pelosi ha hecho del T-MEC. El principal ha sido la exigencia a México de realizar una reforma laboral que permita la democratización sindical y el aumento de salarios en nuestro país.

Con la reforma laboral mexicana ya aprobada, el cuestionamiento de la líder demócrata sigue siendo si el gobierno tendrá la capacidad y los recursos de implementar esta reforma. El tema de fondo es que no confían en México, ya que el gobierno anterior no cumplió con la legislación reglamentaria de la reforma constitucional de 2017.

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Pero el problema mayor para lograr la ratificación del T-MEC en EU parece ser más del lado mexicano. El primer problema del actual gobierno no parece tener ni los contactos, ni el peso, ni las habilidades necesarias para negociar en Washington

Una de las razones principales por las que el proceso de negociación se pudo cerrar en el sexenio peñista fue la gran habilidad y ascendencia de Ildefonso Guajardo en los principales círculos de decisión de Washington, aunado a la relación personal de Luis Videgaray con el Primer Yerno de EU.

El segundo gran problema es la evidente desunión del gobierno. Por un lado, está el protagonismo exacerbado de Jesús Seade, subsecretario de SRE para América del Norte, y autoproclamado negociador único y plenipotenciario del T-MEC.

Seade ha marginado a la secretaria de Economía, Graciela Márquez, y a la subsecretaria de Comercio Exterior, Luz María de la Mora. Si bien el presidente ha instruido a Seade, no debemos olvidar que legalmente es Economía la encargada de este tipo de negociaciones.

Adicionalmente, la mala relación entre el canciller Marcelo Ebrard y la embajadora en Washington, Martha Bárcena, ha resultado también en marginarla de las negociaciones, cuando debería ser uno de los principales brazos de diálogo y operación diaria con actores clave de aquel país.

Esta división entre Seade y Ebrard con Márquez, De la Mora y Bárcena ha sido evidente tanto para el gobierno de Trump como para Pelosi; pero también para los canadienses, que hoy no ven la posibilidad de una estrategia conjunta entre ambos países para convencer a EU.

El presidente debería entender lo delicado de no lograr la ratificación del T-MEC, y obligar a que Seade deje de dividir y actúe en un esfuerzo conjunto con Economía y la embajada; y a que Ebrard deje su pleito con Márquez. Este puede ser otro gran fracaso para el canciller, como Venezuela.

En todo este entuerto, no hay un esfuerzo coordinado de México, en el que gobierno y empresariado se sumen con acciones concretas y tácticas. Aunque el sector privado está esforzándose por dialogar con actores clave en EU, sin el gobierno no será suficiente.

No se ve hoy una estrategia focalizada en los públicos a convencer. No se ve quién esté llegando a los votantes de los congresistas demócratas clave para ejercer presión sobre su voto. No se ve quién esté dialogando con los sindicatos estadounidenses para calmar sus presiones a los demócratas.

Como al principio de la renegociación del TLCAN, bajo la fallida administración peñista, hoy en México estamos sin rumbo ni estrategia para la ratificación del TMEC. El problema es que hoy sí estamos contra el reloj.

Ojalá que el presidente se dé cuenta pronto de que el problema no solo está en EU, sino en su propio gobierno. Si no lo arregla pronto, es alta la posibilidad de quedarnos sin T-MEC, y facilitarle a Trump la salida incluso del TLCAN.

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