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Trump pone en riesgo al lobo mexicano, pero en México también enfrenta amenazas

La revisión ordenada por Donald Trump sobre la protección del lobo mexicano ocurre mientras México busca recuperar la especie en libertad.
Imágenes de lobos mexicanos con una bandera de Estados Unidos.
Los esfuerzos para la conservación del lobo mexicano se han llevado a cabo durante años con cooperación binacional entre México y Estados Unidos. (Fotos: Getty Images / Cuartoscuro / iStock)

El lobo mexicano regresó a los paisajes del suroeste de Estados Unidos después de décadas al borde de la extinción, pero hoy vuelve a estar en riesgo por una orden ejecutiva del presidente Donald Trump que cambiaría las reglas para la protección de la especie.

Pero el futuro del lobo no depende únicamente de lo que ocurra al otro lado de la frontera: México también arrastra pendientes para garantizar su recuperación y conservación.

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El reto no es únicamente aumentar el número de ejemplares, sino conseguir que sobrevivan, se reproduzcan y puedan desplazarse por territorios seguros.

La población silvestre de lobos mexicanos en Arizona y Nuevo México llegó a 319 ejemplares al cierre de 2025, mientras en el país se estima que existen entre 25 y 35 lobos en libertad, una cifra distante de la meta para alcanzar una población viable y autosuficiente con al menos 200 ejemplares en territorio nacional.

La preocupación por la decisión de EU

La orden ejecutiva de Trump, emitida el 4 de septiembre de 2026, establece un plazo de 90 días para que el Departamento del Interior de EU determine si el lobo gris y el lobo mexicano cumplen con los criterios de recuperación señalados en su legislación, proceso que puede derivar en una reducción de su nivel de protección o incluso en su retiro de la lista de especies en peligro de extinción.

Aunque la propuesta aún está en análisis y no plantea una autorización inmediata para matar lobos, sí abre la puerta a modificar las reglas que determinan cuándo pueden realizarse acciones de control.

En particular, plantea revisar los criterios para responder a casos de depredación de ganado, lo que podría facilitar que los productores recurran a medidas letales cuando se determine que los lobos representan una amenaza para sus animales.

Irma Macedo, directora del Santuario Extinción Cero, y Herbe Monroy, veterinario del refugio mexicano enfocado en la protección, rescate y conservación del lobo gris mexicano, explican que la decisión de EU resulta relevante debido a que la recuperación de la especie se ha construido durante décadas en un esfuerzo binacional en el que ambos países cooperan e intercambian ejemplares, información genética y estrategias de reproducción.

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De acuerdo con Irma Macedo, el lobo mexicano es la subespecie más pequeña del lobo gris y una de las más amenazadas. Su población actual desciende de siete ejemplares que fueron capturados en México en la década de 1970, cuando la especie estaba al borde de la desaparición.

: Dos cachorros de lobo mexicano juegan en un recinto de conservación.
La actual población del lobo mexicano desciende de siete ejemplares fundadores, por lo que el programa binacional entre México y EU busca evitar la consanguinidad y preservar la diversidad genética. (Foto: Cuartoscuro)

Herbe Monroy, médico veterinario especialista en el manejo de la especie, explica que, debido al reducido número de ejemplares fundadores, los animales de ambos países son manejados como una sola población genética, por ello cada ejemplar cuenta con un registro que permite conocer su ascendencia y determinar los cruces reproductivos.

Detalla que cada año instituciones mexicanas y estadounidenses se reúnen para determinar qué ejemplares deben reproducirse, cuáles deben trasladarse y qué combinaciones genéticas son convenientes, con el objetivo de evitar que la reproducción entre animales emparentados reduzca la diversidad de la población.

Este manejo conjunto, consideran ambos especialistas, es una de las razones por las que la recuperación del lobo mexicano no puede analizarse de manera aislada entre ambos países.

10 datos sobre el lobo mexicano

# Dato Información
1 Nombre científico Canis lupus baileyi. Es una subespecie del lobo gris.
2 Tamaño Es la subespecie de lobo gris más pequeña. Mide aproximadamente entre 130 y 180 cm de largo.
3 Distribución histórica En México habitó desde Sonora y Chihuahua hasta el centro del país, con registros históricos que llegan hasta Oaxaca.
4 Hábitat Habita principalmente en zonas montañosas, bosques templados y pastizales de la Sierra Madre Occidental.
5 Población fundadora Los ejemplares que sostienen el programa de recuperación descienden de apenas siete lobos fundadores capturados en la década de 1970.
6 Protección en EU Estados Unidos lo incluyó como especie en peligro de extinción en 1976, después de que la persecución y los programas de control lo llevaran al borde de la desaparición.
7 Situación en México Está catalogado como en peligro de extinción. En 2019 dejó la categoría de “probablemente extinta en el medio silvestre” después de los avances de recuperación.
8 Estructura social Es un animal social que conforma manadas familiares de 3 a 5 individuos, guiadas por una pareja alfa reproductora.
9 Alimentación Su dieta carnívora incluye presas silvestres como venado cola blanca, venado bura, conejos, liebres y roedores.
10 Monitoreo binacional Los lobos liberados son monitoreados mediante collares de telemetría satelital y registrados en el Registro Genealógico Internacional (Studbook).

Fuente: Semarnat, Conanp y U.S. Fish and Wildlife Service
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Los animales que nacen bajo cuidado profesional son parte de una misma estrategia de conservación y, de acuerdo con sus características genéticas, algunos pueden ser destinados a programas de reproducción, trasladados entre instituciones o considerados para su liberación.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) reportó hace unos días que México cuenta con 107 lobos mexicanos bajo cuidado profesional en 24 instituciones. El último nacimiento registrado en el país ocurrió en abril de 2025.

Estos ejemplares son fundamentales para mantener el programa de recuperación porque permiten conservar líneas genéticas y producir camadas que, después de ser evaluadas, pueden incorporarse a los esfuerzos de reintroducción.

Sin embargo, para los especialistas, contar con animales en instalaciones especializadas no significa que la especie esté recuperada. El objetivo es que las poblaciones puedan mantenerse por sí mismas en libertad y que los animales tengan las condiciones necesarias para reproducirse y ampliar su distribución.

“No solo es soltar animales de ‘ah, ya tengo 320 lobos en estado libre, ya la armé’. No, tienes que ver que el tema genético funcione, que sean reproductivos, que su hábitat exista”, explica Monroy.

Los pendientes del lado mexicano

El debate que abrió Trump no solo pone la mirada sobre lo que pueda ocurrir en EU, también obliga a revisar qué tan preparado está México para proteger a una especie que apenas comienza a recuperar parte de su territorio histórico.

“Es muy fácil rasgarse las vestiduras y condenar al malo de la película, Trump. Lo difícil es reconocer que aquí también se mata a los lobos, que existen territorios donde la ley ambiental prácticamente no se aplica y que no se hace un trabajo de consciencia sobre la importancia de esta especie entre ganaderos y comunidades”, señala Ernesto Zazueta, presidente de la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México (AZCARM).

Lobo mexicano de pelaje gris, negro y café observa de perfil en un entorno de vegetación y rocas.
El lobo mexicano es una especie clave para los ecosistemas, pero su recuperación enfrenta el reto de lograr la coexistencia con las comunidades ganaderas. (Foto: SEDEMA/Cuartoscuro)

Especialistas y organizaciones señalan que hay pendientes que van desde una mayor vigilancia en las zonas de reintroducción hasta una mejor respuesta ante la muerte de ejemplares, además de mecanismos que permitan a las comunidades y a los productores ganaderos obtener beneficios por conservar la especie.

La presencia del lobo también obliga a atender el conflicto con la ganadería. El depredador puede atacar ganado, mientras que para los productores la pérdida de un animal representa un costo económico.

Por ello, una de las tareas pendientes es fortalecer los mecanismos de prevención y compensación. Monroy plantea que el seguro ganadero debe tener un mayor valor para que una pérdida atribuida a la fauna silvestre no se convierta en un incentivo para eliminar al depredador. “Tenemos que ayudar a que el seguro ganadero tenga mayor valor”, sostiene.

La coexistencia también requiere medidas para reducir las posibilidades de depredación, como vigilancia de los hatos, manejo del ganado, retiro de cadáveres y otros métodos disuasivos.

La propia estrategia mexicana comienza a incorporar este enfoque. Semarnat señala que el proyecto “Del conflicto a la coexistencia, salvaguardando corredores de vida silvestre en México para el desarrollo sostenible”, que iniciará a finales de 2026, contempla mejores prácticas ganaderas, vigilancia comunitaria, restauración y protección del hábitat, reconversión productiva y pagos por servicios ambientales asociados a la biodiversidad.

El reto es que el lobo pueda moverse

Liberación de un lobo no garantiza por sí misma la recuperación de una población. El animal necesita encontrar alimento, territorio, otros ejemplares con los cuales reproducirse y condiciones que le permitan permanecer en libertad.

En Durango, donde el lobo regresó este año a la Sierra Madre Occidental después de más de cinco décadas de ausencia, la estrategia contempla precisamente ese acompañamiento.

La primera familia de cuatro ejemplares fue liberada el 10 de abril en la comunidad El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar, después de pasar por un periodo de adaptación. Los animales cuentan con radiocollares satelitales para dar seguimiento a sus movimientos y detectar posibles riesgos.

La recuperación de una especie que históricamente se desplaza por grandes extensiones no puede depender de pequeñas zonas aisladas, los lobos necesitan territorios conectados para dispersarse, encontrar pareja y mantener el intercambio genético.

“El animal es un animal transfronterizo y no conoce de barreras políticas”, explica Salcedo.

Un lobo mexicano en un sitio de reintroducción  en la comunidad forestal El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar, en Durango.
Traslado de lobos mexicanos al nuevo sitio de reintroducción ubicado en la comunidad forestal El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar. (Foto: Gobierno de México)

El nuevo proyecto federal busca mejorar esa conectividad y conservar corredores para el lobo mexicano, además de otras especies como el jaguar y el oso negro. Su objetivo es detener y revertir el declive de estas poblaciones mediante la protección y restauración de hábitat y la mejora de la conectividad ecológica.

En cuanto a la vigilancia, la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México ha señalado la necesidad de investigar las muertes de lobos, reforzar la protección de las zonas de liberación y mantener un monitoreo científico permanente.

Para Zazueta, la experiencia de Durango muestra que existen alternativas cuando participan autoridades, científicos y comunidades. “Durango demuestra que, con ciencia, participación comunitaria, vigilancia e incentivos, el lobo puede dejar de ser visto como enemigo”, apunta.

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