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México registra más sismos en septiembre, pero diciembre concentra los más fuertes

Un análisis de la IBERO con datos del Servicio Sismológico Nacional revela que septiembre acumula más sismos desde 1900, pero diciembre registra la mayor cantidad de movimientos de magnitud 6 o superior.
En la imagen se observa un altavoz que emite la alerta sísmica en simulacros y eventos reales.
Autoridades mexicanas llevarán a cabo un simulacro este sábado 19 de septiembre. (Foto: Crisanta Espinosa Aguilar/Cuartoscuro )

Septiembre es el mes que registra más sismos en México desde 1900; sin embargo, diciembre concentra el mayor número de movimientos telúricos de magnitud 6 o superior, por lo que la coincidencia de terremotos ocurridos el 19 de septiembre no permite establecer que esta fecha tenga una relación con la ocurrencia de grandes temblores.

Así lo muestra un análisis realizado por Norberto Sánchez Garduño , responsable de Protección Civil de la Universidad Iberoamericana, a partir de los registros del Servicio Sismológico Nacional correspondientes al periodo del 1 de enero de 1900 al 14 de septiembre de 2026.

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De acuerdo con la revisión, durante esos casi 127 años se contabilizaron 396 mil 816 sismos de distintas magnitudes en territorio mexicano.

Septiembre encabeza el registro mensual con 39 mil 265 movimientos, seguido de enero, con 36 mil 331. No obstante, al considerar únicamente los sismos de magnitud 6 o superior, el panorama cambia.

El análisis identificó 329 sismos de esa magnitud durante el periodo estudiado. Diciembre ocupa el primer lugar con 38 movimientos, seguido de junio, con 35, y abril, con 32. Septiembre aparece en cuarto sitio, con 28 sismos de magnitud 6 o mayor.

Esto significa que, aunque septiembre es el mes con más sismos en términos generales, no concentra la mayor cantidad de los movimientos considerados potencialmente más dañinos.

En la imagen se observa un poste de cemento en la CDMX con bocinas de la alerta sísmica.
El simulacro del 19 de septiembre, además como un ejercicio de prevención, conmemora los sismos que se registraron en 1985 y 2017. (Moisés Pablo/Cuartoscuro)


Las placas tectónicas no siguen el calendario

Sánchez Garduño explicó que no existe una relación comprobada entre un determinado mes del año y una mayor probabilidad de que ocurra un terremoto.

“Geológicamente, todo el tiempo está temblando”, señaló el especialista, al recordar que la corteza terrestre está formada por placas tectónicas que permanecen en movimiento constante.

En el caso de México, buena parte de los sismos que tienen efectos en la Ciudad de México se origina en las costas del Pacífico, donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa de Norteamérica.

El terremoto del 19 de septiembre de 1985, por ejemplo, tuvo su origen frente a las costas de Michoacán. El ocurrido el 19 de septiembre de 2017 tuvo un origen distinto: fue un sismo intraplaca, generado por una ruptura dentro de la placa de Norteamérica, con epicentro entre Puebla y Morelos.

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La menor distancia entre ese epicentro y la capital mexicana contribuyó a que el movimiento tuviera efectos importantes en la Ciudad de México.

“Decir qué relación existe entre que tiemble más en un mes que en otro no es posible. Las placas tectónicas están en movimiento todo el tiempo y en todo el mundo”, explicó.

¿Por qué el 19 de septiembre parece una fecha recurrente?

Los terremotos registrados el 19 de septiembre de 1985, 2017 y 2022 han alimentado la percepción de que ese día existe una particular recurrencia sísmica en México.

Sin embargo, los datos revisados por el especialista muestran que existen otras fechas con más coincidencias.

El 7 de junio acumula cinco sismos registrados en distintos años: 1911, 1918, 1976 y dos movimientos ocurridos en 1982.

En tanto, el 28 de agosto y el 24 de octubre reúnen cuatro eventos cada uno, mientras que el 19 de septiembre registra tres.

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Estas coincidencias forman parte de la distribución estadística de los sismos y no permiten establecer una fecha para el próximo terremoto.

Actualmente no existe un método que permita anticipar con precisión el día, la hora, el lugar y la magnitud de un sismo.

Prepararse también ayuda a enfrentar el miedo

Para el responsable de Protección Civil de la IBERO, conocer cómo ocurren los sismos y cuáles son los riesgos de cada espacio puede contribuir a reducir la ansiedad, especialmente entre quienes experimentaron pérdidas, daños materiales o situaciones traumáticas durante los terremotos de 1985 y 2017.

La reacción de una persona durante una emergencia puede estar relacionada con sus experiencias previas. Alguien que estuvo dentro de un inmueble que sufrió daños o que perdió a una persona cercana puede enfrentar un nuevo sismo de manera diferente a quien no tuvo consecuencias graves.

Por ello, los cursos y simulacros pueden servir para desarrollar herramientas de actuación, aunque no sustituyen la atención psicológica especializada cuando existen afectaciones derivadas de una experiencia traumática.

“El conocimiento te da muchas herramientas. Entre más conozcas el peligro y tus riesgos, más elementos tendrás para crear tus propios protocolos de actuación”, afirmó Sánchez Garduño.

¿Qué hacer antes, durante y después de un sismo?

El especialista recomendó identificar las condiciones de seguridad de los lugares que se frecuentan habitualmente, como la vivienda, escuela, oficina, cine o restaurante.

Antes de una emergencia es necesario ubicar zonas de menor riesgo, elementos estructurales, rutas de evacuación, salidas de emergencia y puntos de reunión.

También es conveniente calcular cuánto tiempo toma desplazarse desde el lugar que se ocupa habitualmente hasta una zona de menor riesgo o un punto de reunión.

Si existe tiempo suficiente para evacuar y el protocolo del inmueble así lo establece, la salida debe realizarse de manera ordenada. Pero si el movimiento ya comenzó, no se debe intentar evacuar mientras el piso está en movimiento.

“Si ya se mueve, no te muevas”, resumió.

Una vez terminado el sismo, la evacuación debe hacerse de manera ordenada y siguiendo las instrucciones de las brigadas de Protección Civil.

En escuelas, oficinas y otros inmuebles, las rutas deben haber sido revisadas previamente para evitar obstáculos como cristales, lámparas o plafones que pudieran caer.

Al llegar al exterior tampoco debe asumirse que cualquier punto es seguro. Es necesario mantenerse alejado de fachadas, ventanas y cristales, árboles, postes, transformadores y vialidades con tránsito.

El regreso a un inmueble debe realizarse únicamente cuando las brigadas o las autoridades correspondientes determinen que es seguro.

En una vivienda, la recomendación es realizar primero una revisión desde el exterior para identificar posibles inclinaciones, grietas u otros daños visibles. Si se ingresa, deben revisarse posibles afectaciones estructurales, objetos desprendidos y la existencia de olor a gas.

IBERO llama a evitar mitos sobre los terremotos

Sánchez Garduño también pidió desconfiar de recomendaciones difundidas en redes sociales que no cuentan con respaldo técnico, entre ellas el llamado “triángulo de la vida”, subir a las azoteas durante un sismo o adoptar determinadas posiciones que no forman parte de los protocolos oficiales.

Para consultar información confiable, recomendó acudir a los materiales y cursos de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México y del Centro Nacional de Prevención de Desastres.

También llamó a participar seriamente en los simulacros, incluso cuando la alerta encuentre a las personas fuera de su vivienda, escuela u oficina.

La finalidad, explicó, es conocer las características de los espacios que se frecuentan y practicar las decisiones que deberán tomarse ante una emergencia real.

“Infórmense, conozcan los lugares en donde estén y participen en los simulacros. El conocimiento es lo que nos puede ayudar a disminuir los temores y, sobre todo, a desmentir los mitos”, concluyó.

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