“Cuando se promueven iniciativas que cuidan la vida desde su inicio hasta su término natural y que acompañan a la familia en su misión formativa, se favorece la prevención de la violencia, se fortalecen los vínculos y se siembra una cultura del cuidado que alcanza a toda la sociedad”, expuso.
Sobre el ataque en Teotihuacán, donde un hombre abrió fuego desde la Pirámide de la Luna, que resultó en la muerte de una turista canadiense y varias personas heridas, la iglesia pidió justicia, pero también enfatizó que este tipo de tragedias no pueden ser tratadas como hechos aislados.
“Frente a la tragedia de Teotihuacán y a tantas otras donde la vida es descartada, es indispensable exigir justicia. Pero no basta. Es necesario responder también con políticas públicas que protejan la vida y la familia, y asumir, cada uno de nosotros, la responsabilidad de cultivar el amor y el cuidado del otro, de nuestro prójimo”, apuntó.
La Iglesia también reflexionó sobre el deterioro de la percepción de la vida en la sociedad y cuestionando qué ocurre para que algunos lleguen a arrebatarle la vida a otros. “La violencia no surge de la nada. Germina en historias fracturadas, en heridas no atendidas, en soledades profundas que, cuando no encuentran cauce, terminan por desbordarse”, agregó.