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El COVID-19 amenaza con elevar los 25.5 millones de personas que padecen hambre

Aunque aún no se sabe en qué porcentaje subirá la cifra de mexicanos con carencia alimentaria, instituciones y expertos advierten sobre la situación, debido a la baja en los ingresos de los hogares.
vie 16 octubre 2020 06:10 AM
Pobreza en México
Según cifras del Inegi, alrededor de 46% de la población ocupada ha visto disminuido su ingreso durante la emergencia sanitaria.

La seguridad alimentaria será otra víctima de la pandemia de COVID-19. Instituciones y expertos prevén un incremento en el número personas con carencia alimentaria en el país, que hasta 2018 eran 25.5 millones, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). La contingencia sanitaria puede empeorar la situación principalmente debido a la caída de los ingresos en los hogares.

El problema no es exclusivo de México. A nivel mundial, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) estima que habrá un aumento de 130 millones de personas afectadas por el hambre crónica en todo el planeta para finales de 2020.

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"Se viene una crisis alimentaria en gran parte del mundo y en México. El hambre en gran parte tiene que ver con los ingresos para pagar por alimentos, y se estima que entre 13 y 16 millones de personas van a caer en pobreza extrema, que es el principal indicador de que va a haber hambre", dijo en entrevista José Luis Chicoma, director de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), alrededor de 46% de la población ocupada ha visto disminuido su ingreso a raíz de la pandemia, mientras que en 30% de los hogares se reporta que algún integrante perdió su empleo y en 65% de las viviendas bajó el ingreso familiar.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2018 señala que 67% de los recursos en los hogares proviene del ingreso laboral. Las familias con bajos ingresos destinan el 50% para alimentos, bebidas y tabaco, en tanto que en los hogares con mayores ingresos esto representa 25%.

"Uno de los posibles efectos que nos va a dejar esta emergencia sanitaria es la afectación de los ingresos laborales, que consecuentemente podrá condicionar la compra de una dieta", advirtió José Nabor Cruz, director del Coneval, en la conferencia virtual Pobreza alimentaria, ¿el verdadero efecto de la pandemia en México?.

Te puede interesar: 1 de cada 3 mexicanos experimenta inseguridad alimentaria

La Encuesta nacional de características de la población durante la epidemia (ENSARS-CoV-2), realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), señala que uno de cada tres mexicanos ha tenido experiencias de inseguridad alimentaria durante la contingencia y más de 90% de los encuestados lo atribuyó a la pandemia, principalmente por la falta de recursos.

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¿Una buena alimentación?

En ese escenario, la representante de la FAO en México, Lina Pohl, reconoció que lograr la meta 2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), tener hambre cero para 2030, está en duda. Desde antes de la epidemia, se estimaba que habría otros 20 millones de personas en situación de hambre para 2030.

En la conferencia virtual, Pohl sostuvo que resulta contradictorio que la región de América Latina, tan rica en ecosistemas, no tenga acceso a alimentos saludables. Advirtió que esto se debe a que eso se vuelve "muy caro", por todo lo que implica desde producción, distribución y comercialización.

De acuerdo con el Índice Nacional de Precios al Consumidor, los precios de los 33 productos de consumo obligado de la canasta básica se incrementaron en 25% respecto del año pasado. En tanto, el monitoreo de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec) arroja que en el último trimestre los productos que más aumentaron son tomate verde (49.7%), arroz (47.6%), limón (46.24%), frijol (44.4%), lentejas (42%), cebolla (39.9%) y jitomate (35.29%).

Paulina Magaña, investigadora de la Alianza por la Salud Alimentaria, señaló en entrevista que la tarea de lograr una nutrición adecuada se complica no solo por la caída de los ingresos, sino también porque se ofertan más alimentos ultraprocesados que afectan la salud y que, en casos como la pandemia actual, se convierten en factores de riesgo.

El 10.3% de la población padece diabetes, es decir, 8.6 millones de personas; 18.4%, unos 15.2 millones de personas, tiene hipertensión, mientras que alrededor de siete de cada 10 mexicanos son obesos y nueve de 10 tienen sobrepeso.

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Mitigar los efectos negativos

La situación se torna un asunto de seguridad alimentaria tanto por la caída de los ingresos, lo que genera una afectación en el acceso a productos, como por el hecho de que la alimentación de los mexicanos no ha sido la adecuada, lo que ha ocasionado un incremento en los índices de enfermedades no transmisibles como diabetes, hipertensión y obesidad.

"Es una combinación de muchas cosas, una tormenta perfecta de condiciones y un círculo vicioso de personas que son vulnerables, por enfermedades que tenían y que las hacen más vulnerables al virus", alertó Chicoma.

Frente a este panorama, los especialistas consideran que hacer transferencias en efectivo y los incentivos para las personas que están en situación de vulnerabilidad son dos medidas que pueden funcionar para mitigar los efectos de la crisis en la alimentación. Los expertos expusieron el caso de otros países donde se han dado monederos o se llevan canastas básicas a las casas.

Canasta básica
Durante la actual contingencia, los ingresos de los hogares disminuyeron mientras que los precios de la canasta básica aumentaron.

Por su parte, el director del Coneval urgió a fortalecer todo el paquete de programas relacionados con la alimentación, como Liconsa o Diconsa, para reducir los efectos negativos en cuanto a la seguridad alimentaria.

La representante de la FAO en México aseguró que se tienen que transformar los sistemas alimentarios, con miras a reducir el costo de los alimentos nutritivos y aumentar la asequibilidad de las dietas saludables; intervenir a lo largo de la cadena de suministro de alimentos y reducir los factores que aumentan los costos de producción, almacenamiento, transporte, distribución y comercialización; dar prioridad a la nutrición de los niños; reducir las ineficiencias y el desperdicio de alimentos, así como apoyar a los pequeños productores locales.

Con esto coincidió Magaña. "Hay que ser solidarios y apoyar a los comercios locales. Voltear a ver esta economía local es parte de fortalecer el sistema alimentario, cultivar, nutrir", afirmó la investigadora.

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