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El COVID-19 'alimenta' las filas de repartidores, pese a condiciones laborales

Ante el alza del desempleo, unirse a las apps de entrega a domicilio se ha convertido en una opción para más personas, aunque con ello enfrentan largas jornadas, riesgos y relaciones laborales laxas.
jue 23 julio 2020 05:30 AM
Repartidores
El colectivo #NiUnRepartidorMenos señala que en algunas zonas el número de repartidores ha crecido al doble durante la emergencia sanitaria.

Martín Hernández fue lanzado por un camión mientras iba a recoger dos pedidos de parte de la aplicación Rappi. El vehículo que lo atropelló lo disparó dos metros sobre el pavimento en la esquina de las avenidas Revolución y San Antonio, en la alcaldía Benito Juárez.

Su bicicleta quedó enredada entre las ruedas del auto y el conductor intentó escapar, pero fue detenido por otros repartidores y testigos hasta que al lugar llegaron una patrulla y tres ambulancias. De todo esto, Martín recuerda solo fragmentos, pues quedó inconsciente durante una hora.

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Al día siguiente, pese a tener una lesión en la cabeza y dolor en las extremidades, Martín aún quería salir a trabajar.

"Cuando quise revisar los datos en la aplicación, aparecía que ya me había inhabilitado porque había violado los términos y condiciones, (pero) no entregué los pedidos porque me atropellaron", cuenta Martín a Expansión Política.

Entonces, con ayuda del colectivo #NiUnRepartidorMenos, pudo conseguir que Rappi lo habilitara cuatro días después. Sin embargo, durante ese tiempo no tuvo ningún ingreso ni apoyo para atender sus lesiones, pues como repartidor carece de seguridad social.

Ahora, Martín toma clases virtuales desde la mañana hasta el mediodía. Después, sale a repartir usando el servicio de renta de bicicletas Mobike, en largas jornadas que a veces se extienden hasta la medianoche.

"Para la aplicación no somos trabajadores, somos servidores", dice Martín, quien de esa manera resume el sentir de otras personas que han encontrado en ser repartidor una alternativa para obtener ingresos, aunque en ella se topen con dificultades.

Encuentro Expansión: El impacto económico del COVID-19 en la CDMX

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El joven estudiante de Derecho es una de las al menos 170,000 personas que han perdido su empleo en la Ciudad de México durante la emergencia sanitaria causada por el COVID-19, según estadísticas que la jefa de gobierno capitalina, Claudia Sheinbaum, dio a conocer el pasado 17 de junio.

Fue despedido de Cinépolis, donde llevaba dos años trabajando como empleado general, y acusa que únicamente le informaron de que fue cesado con una llamada telefónica y sin darle una liquidación.

A raíz de esto y ante la imposibilidad de quedarse sin ingresos para poder seguir pagando la renta del cuarto donde vive y la colegiatura en el Colegio Holandés, Martín optó por empezar a ser repartidor, si bien es consciente del riesgo que actualmente corre de contagiarse de COVID-19 al salir a la calle y tener contacto con decenas de personas cada día, o peor, de sufrir un atropellamiento como el que vivió en Revolución y San Antonio.

"Lamentablemente, como ciclista y repartidor creo que es más probable que muera al andar en bici que por COVID", señala.

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Aunque hasta ahora las empresas que manejan las aplicaciones de entrega a domicilio no han revelado cuántos nuevos socios se han inscrito en ellas durante la emergencia sanitaria, Saúl Gómez, fundador del colectvo #NiUnRepartidorMenos, señala que es visible el aumento en el número de repartidores en las calles.

Por ejemplo, en la colonia Nápoles, la cantidad habitual de repartidores pasó de 18 a 30, mientras que en Galerías Coapa subió de 25 a 60, más del doble.

"Están entrando más precisamente por esta situación de desempleo. Es algo brutal, de por si las aplicaciones ya están saturadas, y va llegar el momento en el que tengamos la misma situación que en Argentina, donde va a haber más repartidores que pedidos", dice en entrevista.

En medio de la emergencia sanitaria, las apps han informado poco o nada sobre contagios de COVID-19 entre repartidores y conductores de transporte privado, quienes trabajan con las compañías bajo la figura de socios, no de empleados, en lo que constituye una relación laboral laxa.

Didi reportó el 2 de julio tener registro de 500 casos confirmados o en cuarentena, Rappi no ha brindado información y Uber informó el 1 de febrero que suspendió 240 cuentas por un posible caso en la capital. Esto ocurrió 27 días antes de que se confirmara el primer contagio en el país y desde entonces no se han dado actualizaciones.

Saúl, de #NiUnRepartidorMenos, explica que un repartidor puede estar todo un día sin recibir un pedido. A pesar de ello, es posible ganar entre 1,500 y 4,000 pesos a la semana, pero quienes alcanzan este nivel de ingresos están hasta en cinco aplicaciones distintas para tener un mayor volumen de pedidos.

"Si no salimos nos mata el hambre y si salimos nos mata el bicho o algún vocho, alguna persona que crea que su vida vale más que la de nosotros como repartidores", dice Saúl, quien advierte que la relación entre las empresas y ellos es difusa.

"Si realmente fuéramos socios, hubiéramos tomado decisiones respecto a que Uber comprara o no Postmates", dice. "Si te dice cómo hacer las cosas y te paga por ello, es tu patrón. Necesitamos que ellos reconozcan que son nuestros empleadores y vamos a ver cómo hacemos para que poco a poco esto se pueda lograr".

Con paros y marchas, el colectivo #NiUnRepartidorMenos busca conseguir una regulación para esta nueva forma de trabajo, en la que los repartidores puedan tener derechos como cualquier otro empleado que paga impuestos. Para Saúl, su inspiración está en la lucha de las trabajadoras del hogar.

"No estamos en contra de las aplicaciones porque han dado empleo a muchas personas. Sin embargo, creemos que se tiene que regular y debe haber una mejora en este tipo de trabajos", dice el repartidor y activista, al hacer alusión a una batalla que se extenderá más allá de la emergencia sanitaria.

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