Una Fiscalía con acento político
Cuesta defender que la FGR actúe solo con lógica jurídica cuando sus decisiones más sonoras coinciden con la conveniencia del poder.
No hace falta inventar un móvil: basta observar el patrón que se percibe. Si el señalado es opositor, hay celeridad y mensaje en video; si pertenece al círculo afín, hay paciencia. Una fiscalía autónoma no se defiende con discursos sino con consistencia: criterios de persecución publicados, razones de oportunidad explicadas y decisiones que resistan ser aplicadas mañana al otro lado de la mesa.
Mientras eso no exista, cada orden de aprehensión será leída como política, no por mala fe de los críticos, sino por déficit institucional de quien acusa.
La credibilidad de una fiscalía no se decreta: se acumula expediente por expediente y se pierde en uno solo.
El verdadero vacío: cooperación sin reglas
Hay un dato que casi nadie quiere mirar: lo que la FGR llama traición es, en buena medida, el síntoma de una cooperación bilateral que opera en la penumbra.
La Iniciativa Mérida es un esquema de cooperación y financiamiento; el Entendimiento Bicentenario de 2021 es un marco político.
Ninguno es un tratado con obligaciones exigibles sobre quién puede participar en un operativo, con qué autorización, bajo qué mando, con qué control judicial y con qué responsabilidad si alguien muere.
México tiene tratados de extradición y asistencia jurídica mutua; no conozco uno que regule la presencia de agentes extranjeros en territorio mexicano. Ese vacío convierte a un fiscal estatal en blanco penal y a la soberanía en consigna.
Blindar el acuerdo, no al funcionario
La salida es un tratado aprobado por el Senado, como exige la Constitución, que sustituya la ambigüedad por reglas.
Propongo cinco mínimos.
- Autorización federal previa y por escrito para cualquier participación de personal extranjero, con registro nominal.
- Límites funcionales: asesoría, análisis e intercambio de inteligencia, nunca acciones operativas ni uso de la fuerza.
- Cadena de mando federal única, que excluya improvisaciones estatales.
- Jurisdicción y responsabilidad definidas para agentes y servidores públicos de ambos países, incluidas las muertes.
- Revisión bilateral periódica, informes al Congreso y reciprocidad real, porque la cooperación sin simetría se vuelve tutela.
Habrá quien objete que Washington no querrá atarse.
Pero un Estado que acusa de traición por la ausencia de reglas debería ser el primero en exigirlas. Mientras tanto, Chihuahua deja tres lecciones. Una: la soberanía no se defiende encarcelando a un exfiscal mientras la relación opera sin marco. Dos: un tipo penal de máxima gravedad no puede servir de palanca política, porque el día que se normalice, nadie estará a salvo. Tres: si el problema fue la CIA operando sin permiso, la respuesta no es solo un detenido: es una explicación pública de quién autorizó, quién sabía y cuándo.
Si la FGR quiere que su acusación se lea como justicia y no como ajuste de cuentas, debe empezar por mostrar sus pruebas y aplicar a todos la misma vara.
El país merece una soberanía con reglas escritas, no una que se invoque solo cuando el acusado resulta incómodo. Lo demás es ruido, o peor, escenografía.
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-Biografía: Alberto Guerrero Baena es consultor y estratega en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal.
Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad en diferentes espacios de la Radio y Televisión en CDMX y Michoacán.
Correo electrónico: albertobaenamx@gmail.com
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.