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#ColumnaInvitada | Balance a dos años del T-MEC

Previo a la entrada en vigor del T-MEC, existían dudas sobre si México tendría la capacidad de consolidarse como proveedor de EU bajo las nuevas reglas, pero eso afortunadamente no sucedió.
sáb 02 julio 2022 06:30 AM
TMEC
Se cumplieron dos años de la entrada en vigor del tratado.

El 1 de julio del 2020, durante los peores momentos de la pandemia del COVID-19 y en medio de una profunda recesión económica, entró en vigor el Tratado México–Estados Unidos–Canadá (T-MEC). A dos años de ese suceso, ¿cuál es el balance inicial del Tratado, y cuáles han sido sus consecuencias para México? Podemos responder esta pregunta desde tres enfoques: ¿cuáles fueron los objetivos de México durante la negociación?, ¿cuál ha sido el comportamiento del comercio en estos primeros dos años?, y tres, la fortaleza institucional que exhibe el T-MEC vis-à-vis la que tenía el antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994.

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Existe la impresión de que México solamente actuó empujado por las amenazas de Donald Trump, pero la verdad es que nuestro país tenía objetivos muy claros para promover una modernización del acuerdo:

  • Primero, era fundamental renovar el apoyo político estadounidense al proyecto de integración regional. Ante mayor el escepticismo estadounidense respecto de la globalización y los beneficios del comercio internacional, México necesitaba garantizar que Washington mantendría los lazos preferenciales que se desarrollaron a partir del TLCAN. Mediante la inclusión de obligaciones en áreas que eran importantes para Demócratas y Republicanos, se logró que el acuerdo final obtuviera un apoyo abrumadoramente positivo, tanto del Congreso como de los sindicatos estadounidenses, lo cual indudablemente otorga al TMEC una legitimidad política con la que el TLCAN ya no contaba.
  • Segundo, era innegable que todos los cambios tecnológicos hacían del TLCAN un tratado anticuado para las realidades económicas y empresariales. Era simplemente imposible que el comercio norteamericano careciera de reglas, por ejemplo, en materia de comercio electrónico y ambiente digital. Estos temas fueron incorporados en el acuerdo, y han servido para que el comercio digital se transforme en una herramienta poderosa para las empresas, sobre todo las PYMES – se calcula que hacia el 2025 el comercio electrónico crecerá más de 200% en nuestro país.
  • Tercero, en un mundo que se está conformando cada vez más en bloques regionales, era necesario fomentar el espíritu regional y reafirmar la alianza de los países de América del Norte. La manera en la cual se movilizaron empresarios, académicos, legisladores y actores de la sociedad civil en defensa del espíritu regional, y cómo a partir de esta movilización se articularon propuestas de acción, será un antecedente importante para la futura revisión del acuerdo en 2026.

En lo que respecta al comercio regional bajo el T-MEC, podemos confirmar que los números son positivos, incluso considerando el efecto de la pandemia. El comercio entre México y EE.UU. pasó de 612 mil millones de dólares en 2019 a 662 mil millones de dólares en 2021, un incremento de más del 8%. Solamente en los primeros cuatro meses del 2022, el comercio ronda los 250 mil millones de dólares, por lo que bien podríamos atestiguar en este año un récord comercial histórico entre ambos países. Esto es muy relevante porque, previo a la entrada en vigor del T-MEC, existían dudas sobre si México tendría la capacidad de consolidarse como proveedor de EE.UU. bajo las nuevas reglas del acuerdo – por ejemplo, reglas de origen más estrictas u obligaciones laborales que podrían desincentivar exportaciones mexicanas – pero como las cifras lo indican, eso afortunadamente no sucedió.

 

Finalmente, los dos primeros años del T-MEC han estado marcados por una actividad institucional frenética: desde el presidente de la República hasta los funcionarios técnicos de los comités y grupos de trabajo, el T-MEC ha profundizado la cantidad de intercambios y cercanía entre funcionarios que había existido desde hace algunos años.

Desde luego, aunque los resultado iniciales en estos dos años del Tratado sean indudablemente positivos, no está exento de retos hacia el futuro. Existen varias controversias que se han iniciado de acuerdo a los procesos del propio Tratado –como son las demandas laborales en contra de México y la que nuestro país inició contra Estados Unidos por su interpretación de las reglas de origen para el sector automotriz– que deben de resolverse a la brevedad posible. Hacia el futuro, y para evitar nuevas controversias, lo mejor que pueden hacer los tres países es cumplir de manera irrestricta con el T-MEC.

En un momento donde las empresas tienen que lidiar con la incertidumbre como un factor trascendental para sus decisiones de inversión y producción, América del Norte puede ofrecer estabilidad y proyección económica, lo cual sin duda consolidará nuestra posición competitiva como región. El T-MEC es un activo vital para que esto suceda, por lo que debemos celebrarlo, pero sobre todo, debemos respetarlo y protegerlo.

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Nota del editor:

El autor es académico de la Universidad Panamericana; previo a eso, desarrolló una carrera de veinte años en el gobierno federal en temas de negociaciones comerciales internacionales. Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

 
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