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#ColumnaInvitada | Y sin embargo… funciona. Elecciones 2022

La ciudadanía acudió al llamado de las urnas y participó en la normalización de las elecciones como elemento indispensable de la renovación del poder político.
lun 06 junio 2022 06:00 AM
Después del cierre de casillas a las 18 horas comenzó el conteo de votos que se emitieron durante la jornada de elección de gubernatura en Hidalgo.
El promedio de participación, según los conteos rápidos, habría sido de alrededor del 46%.

Las elecciones son una construcción civilizatoria. El acto de votar es la base de la vida democrática y es un acto en defensa de las instituciones que permiten su subsistencia. La democracia es el único régimen que nace de la pluralidad y que, por tanto, puede defender los derechos y libertades de unos y otros. Es el único que permite la división de poderes, los contrapesos, y el control del ejercicio del poder.

Por ello, vale la pena resaltar el éxito de la organización de las elecciones que permitieron renovar 436 cargos, entre ellos seis gubernaturas, en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Tamaulipas y Quintana Roo el pasado 5 de junio.

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El sistema nacional de elecciones volvió a dar muestras de su buen funcionamiento. Y es que no hay mejor noticia que la renovación de poderes de forma pacífica. Desde 2014 el INE comparte atribuciones con los institutos electorales locales para homologar la calidad de las elecciones sin vulnerar el sistema federal consignado en nuestra Carta Magna.

Y esto tiene un propósito: respetar las realidades locales, aquilatar su diversidad y administrar de mejor manera las realidades políticas, sociales y culturales que se viven en cada entidad.

En este proceso comicial las autoridades electorales, la nacional y las locales, estuvieron presentes en cada rincón de las seis entidades gracias a su estructura profesional, especializada e independiente de los gobiernos en turno.

Una de las atribuciones primarias del INE fue la construcción del listado de votantes: casi 12 millones de mexicanas y mexicanos tuvieron la oportunidad de ejercer su derecho al voto. Personas de carne y hueso, registros únicos que cumplieron con los requisitos de ley para votar y con lo que se garantiza el principio “una persona, un voto”.

No olvidemos que desde 1990 la creación de un sistema electoral creíble estuvo condicionado a la confección de un listado de votantes generado, administrado y resguardado por un ente independiente al poder en turno: cuando todas las fuerzas políticas acordaron que el poder mantendría las manos fuera del padrón electoral.

El INE visitó a 1.6 millones de personas en sus domicilios para invitarlos a participar y capacitarlos como funcionarias (os) de casilla. Cada Instituto Local produjo e imprimió los materiales y la documentación electoral, además de incluir sus particularidades en los manuales de capacitación.

La ciudadanía fue la gran protagonista: 83,800 personas seleccionadas al azar recibieron, contaron y registraron el voto de sus vecinos (as). El 85% de las casillas estuvieron completas y sólo se tomó a un 6.5% de los electores de la fila (en las elecciones federales de 2021 y la revocación de mandato se tomaron alrededor de un 7%).

Las mesas de votación volvieron a ser los lugares más plurales y vigilados. Los partidos políticos y candidaturas independientes supervisaron el 99.22% de las mesas de votación y participaron más de seis mil observadores (as) electorales.

La coordinación entre el INE y los institutos electorales produjo, una vez más, un trabajo organizativo impecable. Se instalaron 20,971 casillas. Sólo 22 no pudieron instalarse en Oaxaca por problemas derivados del huracán Agatha y demandas sociales insatisfechas.

Asimismo, la calidad de los Programas de Resultados Electorales Preliminares por parte de las seis entidades demostró su evolución. Recordemos que cada Instituto local es el responsable de los resultados electorales, pero en estos últimos ocho años han trabajado con el INE a fin de mejorar sus procesos operativos, de calidad y de seguridad, así como para renovar sus prácticas de visualización de datos.

 

Por otro lado, atestiguamos la normalización de los conteos rápidos, no sólo en elecciones federales sino también en las locales. Estos ejercicios que permiten conocer las tendencias de la votación a partir de una muestra de casillas fueron dados a conocer entre las 20:30 y las 22:00 horas de la noche de la elección. Así, se logró eliminar la inestabilidad que producen los vacíos de información en contextos de poca responsabilidad política.

En cuanto a los resultados, el partido en el poder logró el triunfo en los estados de Hidalgo, Oaxaca, Tamaulipas y Quintana Roo mientras que la alianza opositora lo hizo en Durango y Aguascalientes. Así, Morena llegará de cara a las elecciones presidenciales del 2024 gobernando 20 entidades (más dos de sus aliados).

La ciudadanía acudió al llamado de las urnas y participó en la normalización de las elecciones como elemento indispensable de la renovación del poder político. El promedio de participación, según los conteos rápidos, habría sido de alrededor del 46%. Si bien no es un porcentaje despreciable, también lo es que en todas las entidades se registró una menor participación que en la última elección de gubernatura.

Queda claro, pues, que la democracia es un sistema de instituciones que subsisten y de representantes que se sustituyen. La democracia y las elecciones son una construcción permanente y evolutiva, una ratificación que sólo es posible con instituciones fuertes, profesionales, autónomas e independientes.

Y que no se nos olvide: es la única vía que tenemos para la transmisión pacífica del poder.

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Nota del editor: Farah Munayer es maestra en Administración Pública Internacional por Sciences Po. Asesora del Consejo General del Instituto Nacional Electoral. Síguela en Twitter @fmunayers Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

 
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