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En tu pedido, va su vida

Los trabajadores de aplicaciones digitales como Uber Eats, Cornershop y Rappi no saben cómo se calcula el costo pedido y tienen mucha incertidumbre respecto a cuánto pueden ganar.
lun 16 diciembre 2019 10:22 AM
(Obligatorio)
Riesgos. Jóvenes trabajadores de plataformas digitales padecen la falta de seguridad laboral.

En tu pedido de Uber Eats, Cornershop y Rappi va la vida de miles de repartidores. Es momento de tomarnos en serio la pregunta de cómo crear condiciones de trabajo justas para los repartidores de aplicaciones. Ellos no cuentan con derechos laborales en parte porque nosotros, los usuarios, no hemos demandado que las aplicaciones respondan.

Hay aspectos sencillos que pueden hacer una gran diferencia en la vida de los repartidores y acá listo tres de ellos.

Primero, el INEGI debe medir cuántos repartidores hay y qué condiciones laborales tienen. Necesitamos datos para entender este fenómeno nuevo y escurridizo. Hay quien considera que uno de cada diez trabajadores informales que no reportan un giro laboral específico pueden ser repartidores de app. Lo cierto es que no sabemos y saberlo puede ser muy fácil.

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El presidente del INEGI, Julio Santaella, puede ayudar. Cada tres meses el INEGI realiza un ejercicio llamado “Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo” que es la principal fuente de información del mercado laboral mexicano. La encuesta da información sobre el sector de actividad económica y grupos de ocupación, pero no tiene una categoría específica para identificar a los repartidores. Si esta categoría fuera agregada, podríamos conocer de inmediato y con constancia trimestral dónde y cómo operan los trabajadores de aplicación.

Segundo, la Secretaría del Trabajo, el IMSS y el SAT deben coordinarse para empujar regulaciones y legislación que permita atender las necesidades de los repartidores de aplicaciones.

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Ya se tienen ciertos avances en materia fiscal. Por ejemplo, existe la figura fiscal de “Persona física que trabajan en plataformas tecnológicas de entrega de alimentos preparados”. En la miscelánea fiscal 2019 ya se estableció que ellos deberán pagar entre 3 y 5% de ISR, y 8% de IVA. Sin embargo, no se ha logrado crear un mecanismo, ni para evitar la evasión fiscal. Las aplicaciones se rehúsan a retener las contribuciones. No hay otra forma de retener y hacer la transferencia, no quieren asumir la responsabilidad.

Otro dilema es la seguridad social. Al respecto, el principal reto es decidir quién es el “patrón” de los repartidores y si esto será compartido entre clientes, plataforma y el trabajadores. Es difícil diseñar el mecanismo, pero no imposible. Ya hay ideas sobre la mesa porque el caso es similar al de las trabajadoras del hogar. A éstas, por ejemplo, se les puede cubrir con el Seguro Social siempre y cuando sus ingresos mensuales sean de al menos un salario mínimo. Un esquema similar podría ser aplicado a los repartidores.

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También se debe abordar el tema de la inseguridad salarial. Los trabajadores de aplicación no saben cómo se calcula el costo pedido y tienen mucha incertidumbre respecto a cuánto van a ganar. Saben que existen incentivos a trabajar en ciertos horarios, pero no cuánto se les dará. Ello crea una suerte de incertidumbre laboral que es injusta.

Cualquier regulación que se diseñe debe respetar la principal razón por la cuál el trabajo de repartidor de aplicación es exitoso: la flexibilidad. La regulación no debe anclar la seguridad social a un trabajo de 8 horas que no corresponde a la realidad. Solo se deben eliminar los aspectos negativos de la hiper-flexibilizacion.

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Tercero, las empresas de aplicación deben comprender que tienen una responsabilidad social que va más allá de solo hacer dinero y que se refiere a cuidar la vida de sus trabajadores. Aceptarlo incluso les podría dar más clientes. Pudiera existir una cantidad importante de personas que preferiría pagar un poco más por los servicios de entrega siempre y cuando éstos aseguraran un buen trato para los trabajadores.

Las plataformas incluso podrían “adelantarse” a la regulación del estado y proveer un servicio que fuera más humano, respetable y que nos asegurara, a los usuarios, que estamos siendo éticos en la contratación de servicios.

Hace poco más de un año murió José Manuel Matías, un repartidor de Uber Eats, desde entonces un colectivo llamado #NiUnRepartidorMás está activo. Sin embargo, sus demandas no han sido atendidas. Hay que comenzar a atenderlas de forma inmediata.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autora.

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