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OPINIÓN: Reforma laboral, cambio de paradigma

De la nueva legislación laboral dependerá que realmente logremos un modelo laboral y sindical mucho más moderno y apegado a los estándares internacionales.
Reforma laboral
Rechazo. Varios de los aspectos que preocupan sobre la reforma laboral han sido discutidos en las mesas con la STPS y la Cámara de Diputados.

Nota del editor: Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de "el valor de nuestra estirpe" (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

CIUDAD DE MÉXICO (ADNPolítico).- Esta semana empieza lo que parece la etapa final para lo que será la nueva legislación laboral de México. Si todo sale bien, esta semana deberá pasar en la Cámara de Diputados, y antes del 30 de abril deberá pasar en el Senado. Repito, si todo sale bien; con la educativa no han logrado avanzar.

La nueva Ley Federal del Trabajo podría traer importantes cambios de fondo al marco laboral y, en particular, a la vida sindical. Muchos de esos cambios urgen desde hace décadas, pero los gobiernos del PAN y del PRI no quisieron enfrentarse a las centrales sindicales por sus apoyos electorales.

La última gran reforma en materia sindical en este país fue la realizada por Carlos Salinas, cuando por primera vez en la era hegemónica se permitió la existencia de sindicatos independientes; es decir, que no pertenecieran a la CTM. Fue así como se pudo crear la UNT, de Francisco Hernández Juárez.

Salinas también puso a temblar al sindicalismo con la andanada en contra del famoso líder sindical petrolero La Quina, a quien envió a la cárcel, y después contra el no menos famoso líder sindical del magisterio, Carlos Jonguitud Barrios, al deponerlo y con ello subir a la famosa Maestra al poder.

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Hoy, la nueva legislación obedece a la reforma constitucional de 2017, derivada del importante diagnóstico hecho por el CIDE denominado Justicia Cotidiana, en el que uno de sus principales componentes fue el de Justicia Laboral.

Entre sus principales componentes estuvo la eliminación de las anquilosadas y corruptas juntas de Conciliación y Arbitraje, intocables hasta entonces. Las sustituyen tribunales laborales dentro del Poder Judicial, quitando así el sentido tripartito de las juntas.

Se crea también el Centro de Conciliación y Registro Laboral como primera instancia y dependiente de la STPS. Además de la conciliación, este centro deberá llevar el registro de los contratos colectivos, así como de los sindicatos existentes. Habrá uno federal, y los estatales y locales.

Otro aspecto fundamental fue el de democracia sindical, estableciendo el mandato de voto libre y secreto en la elección de las dirigencias sindicales. Este es un factor clave ante la realidad de dirigencias interminables y hechas casi por designación hereditaria directa.

Para variar, la legislación secundaria ha tardado más del tiempo legal. Según lo establecido en los transitorios de la reforma, debió hacerse en máximo un año, por lo que ahora el gobierno y el Poder Legislativo están a marchas forzadas tratando de desahogarla.

Pero la prisa no es solo por el mandato constitucional, sino también porque en el marco de las negociaciones del tratado con EU y Canadá se estableció como requisito la modernización de la legislación laboral mexicana para que este cumpla su proceso de ratificación en EU.

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Ante los problemas internos de aquel país entre el presidente Donald Trump y los legisladores demócratas, el tema ha adquirido notoriedad. Nancy Pelosi y otros demócratas ya declararon que no habrá ratificación del T-MEC si no aprobamos nuestra ley, lo cual deberá suceder antes de mayo.

Entre las presiones externas y las internas, muchos aspectos de la legislación que hoy se negocia han levantado alertas importantes, por lo que el proceso de negociación con sindicatos, fuerzas políticas y sector empresarial ha sido por demás intenso.

Uno de los aspectos que más preocupa es el Centro de Conciliación, pues se busca quitarle el carácter tripartito que se tenía. Esto generaría un ente superpoderoso, ya que su titular se designaría directamente por el gobierno federal.

Si bien el carácter tripartito se prestó a muchos abusos y corrupción, el peor de los mundos sería concentrar el poder de decisión en una sola persona. En tal caso, debería establecerse un estricto mecanismo de nombramiento con aprobación por mayoría calificada en el Senado.

Otro aspecto de preocupación ha sido el esquema de aprobación de los contratos colectivos —principal exigencia de EU—, que busca que la aprobación sea hecha en asamblea total de trabajadores, lo cual es muy riesgoso. Para eso es que se nombran las comisiones negociadoras.

También preocupa de manera importante la intención del senador Gómez Urrutia de meter una sexta modalidad de sindicato, que podría crearse por trabajadores de distintas industrias y regiones geográficas. Esto pervertiría de manera importante la vida sindical, creando enclaves nocivos.

Hasta el momento, la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, ha tenido apertura de escuchar a las partes interesadas y encontrar los acuerdos necesarios para incorporar sus preocupaciones. Si bien ha sido firme y contundente, también ha mostrado sensibilidad y capacidad de negociación.

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Varios de los aspectos de preocupación han sido resueltos en las mesas con la STPS y, a su vez, se han reflejado en las negociaciones con la Cámara de Diputados. Sin embargo, el principal reto para la secretaria es mediar con sus propios aliados políticos, muchos muy radicales.

De la nueva legislación laboral dependerá que realmente logremos un modelo laboral y sindical mucho más moderno y apegado a estándares internacionales. Si nos descuidamos, las bases radicales de la 4T podrían descarrilar los esfuerzos y generar peores nichos de poder.

Esperemos que Luisa María Alcalde se mantenga como hasta ahora, y que el presidente López Obrador la respalde en todo lo necesario, aun a pesar de sus aliados de sindicatos anacrónicos, para lograr un verdadero bien para el país. Sería un primer gran logro de la 4T.

Como lo dijimos en este mismo espacio en agosto pasado, "si el presidente realmente quiere lograr una Cuarta Transformación, reformar al sindicalismo es una tarea fundamental e impostergable".

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