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OPINIÓN: Andrés Manuel y su "amor de tres"

Medios de comunicación, encuestadoras y consultorías seguirán existiendo mientras haya campañas electorales que implementar, obras públicas por hacer e informes que rendir, apunta Rodrigo Galván.

Nota del editor: Rodrigo Galván de las Heras es maestro en Investigación de Mercados por Georgia Tech University y Maestro en Comunicación Integral por la Universidad Complutense de Madrid. Desde el año 2010 es director general de De las Heras Demotecnia, empresa pionera en estudios de opinión pública en materia político electoral en México. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

CIUDAD DE MÉXICO, (ADNPolítico) - México no es el mismo desde el 1 de diciembre, y lo sabemos todos; si bien los problemas que aquejan al país y los retos que deberá enfrentar en el corto y mediano plazo sí son los de siempre, las formas, que son fondo, han cambiado.

Al día de hoy, no hay manera de desentenderse de lo que ocurre políticamente en nuestra querida patria, ni cabida para la frase “no sé quién es AMLO, ni qué ha dicho o hecho en los últimos días”, pues desde el 2 de diciembre de este año, con el café del desayuno tenemos una conferencia de prensa matutina suya en el menú.

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Pero así como el señor presidente tiene mucho qué decir, los escépticos de su gobierno también: que si cancelar el NAIM en Texcoco fue una pésima decisión, que si las becas y apoyos sociales serán incosteables en los próximos años, que si las consultas ciudadanas son una simulación para legitimar sus planes… y la lista podría extenderse más de lo que AMLO tarda en dar una respuesta. Pero, ¿quiénes son esos detractores del presidente y por qué lo son realmente?

Haciendo un análisis de lo que he visto que se comenta de Andrés Manuel López Obrador en los medios, de qué es lo que más le critican, de la intensidad con la que lo hacen, y del rumbo por el que se llevan los debaten públicos, puedo afirmar que sus adversarios son principalmente miembros del llamado círculo rojo, ése conformado por notables periodistas, analistas de opinión, líderes empresariales, estrategas y consultores políticos, así como encuestadores –me incluyo-, los cuales tienen una característica común: en los últimos sexenios fueron los creadores del mensaje gubernamental, quienes medían el pulso ciudadano y quienes comunicaban los éxitos y fracasos de nuestros políticos.

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Pero desde que AMLO tomó posesión, ese papel se ha visto reducido, y al día de hoy no existen elementos para decir que las cosas van a cambiar en los próximos años.

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Dicho de otra manera, el círculo rojo está un tanto molesto –por no decir resentido- con Andrés Manuel López Obrador porque “el presidente ya demostró que ni la presencia de ellos ni su participación son imprescindibles para difundir los logros del gobierno, medir la opinión pública o crear estrategias para la toma de decisiones”, y a los hechos me remito; ¿o acaso hay mejor encuesta que haber recorrido todo el país varias veces?, ¿hay mejor estrategia de comunicación que reunir a todos los periodistas por la mañana en Palacio Nacional?, ¿existe mejor estrategia de gobierno que hablarle a la gente en su idioma, enfocarse en lo que le preocupa, legitimarse mediante la austeridad, y en definitiva, “ser un mexicano común que ama a su país”? La respuesta parece evidente.

Como decía El Piporro en su canción Chulas Fronteras: with money dancing the dog, y eso lo tenemos claro todos, aunque lo asimilemos de manera diferente. El gobierno de la llamada cuarta transformación está en su derecho de prescindir de los servicios de los encuestadores, los medios y los estrategas, si considera que su trabajo no aporta lo suficiente o no vale lo que cuesta; y tanto los encuestadores, los medios y los estrategas están en su derecho de disentir, cerrar filas y reorientar su trabajo si las circunstancias lo ameritan y sus intereses lo requieren. Y eso es lo que ocurrirá, muy probablemente, en los años por venir.

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Resulta que, a pesar de que el círculo rojo dejó de entender la realidad de los mexicanos, de acertar en la medición electoral, de darle un sentido social a la comunicación masiva, y a pesar de que una y otra vez diseñó estrategias de campaña que fracasaron, es parte fundamental de nuestra vida política, de nuestra institucionalidad y de nuestra democracia.

La tarea que tiene pendiente el círculo rojo es reorientar sus esfuerzos, pero sobre todo su misión, pues son tan necesarios –aunque no se quiera ver en muchas ocasiones- como el gobierno que encabeza AMLO y como la ciudadanía en sí misma: círculo rojo, gobierno y pueblo, es un “amor de tres” que no debe ser mal visto sino todo lo contrario.

Porque Andrés Manuel podrá convocar a las conferencias que él desee, “tener sus números” y “hacerle caso al pueblo sabio”, pero los medios de comunicación, las casas encuestadoras y las consultorías en estrategia seguirán existiendo mientras haya campañas electorales que implementar, obras públicas por hacer e informes de gobierno que rendir, y por la razón que sea aquéllas serán un contrapeso del gobierno, o sus aliadas, según se le mire.

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La estrategia de AMLO de prescindir del círculo rojo es buena si se toma en cuenta lo austera y efectiva que ha resultado hasta el momento, pero tiene sus riesgos, pues el margen de error es menor, se presta a más ocurrencias inherentes a su calidad de “todo en tiempo real”, le hace falta método, estructura y por supuesto experiencia; es decir, le falta mucho de lo que podrían ofrecerle quienes llevan muchos años dedicándose a la comunicación, la demoscopia y las estrategias.

En lo sucesivo, insisto, el presidente tendrá que entender que este amor círculo rojo, gobierno y ciudadanos, es de tres necesariamente.

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