E: Su trayectoria no proviene exclusivamente de la historia. ¿Cómo llega a este campo?
FS: Mi formación es diversa: agronomía, teología, antropología. Siempre he creído que el conocimiento no debe fragmentarse. Viví varios años en Estados Unidos y aproveché ese tiempo para estudiar historia directamente en el lugar donde ocurrieron los hechos, incluso viajando por el país. Esa experiencia me permitió una comprensión mucho más profunda. Así me involucré con la historia de Estados Unidos y ella se involucró conmigo.
E: Me parece curioso que usted, siendo mexicano, hay escrito un libro sobre el racismo en Estados Unidos. ¿Cómo fue recibido su trabajo?
FS: Nada más mal visto. Existe una barrera clara: no les gusta que un extranjero, y menos un mexicano, opine sobre su historia racial. Incluso un historiador en Estados Unidos me dijo directamente que no discutiría temas de raza con un mexicano.
Yo tengo miedo con este libro, estoy solicitando mi VISA porque ya venció y me dieron cita para junio, entonces tengo miedo de que me digan: 'usted quería qué'.
E: ¿Y qué le gustaría que las nuevas generaciones aprendieran de este libro?
FS: Estados Unidos no es un bloque homogéneo. Dentro hay sectores que pueden ser aliados en luchas democráticas. Mi generación tendía a verlos únicamente como enemigos, pero eso es un error. Comprender su historia permite identificar esas alianzas potenciales.
Entonces, en las nuevas generaciones creo que tendría que cambiar el punto de visión. Hay un aliado potencial de las luchas justas y democráticas en México. Pero nuestro desprecio por los norteamericanos es tal que decimos: 'no quiero saber ni su historia'. Esa postura impide entender que dentro de Estados Unidos hay sectores que son una potencial alianza nuestra.
E: ¿Qué tipo de alianzas podrían construirse?
FS: Históricamente han existido sectores estadounidenses que han impulsado cambios democráticos. Los blancos que echaron a la policía en Minneapolis, esa es una sociedad que es una potencial aliada nuestra. Ignorar esos actores implica perder oportunidades políticas.
Pero hay mucha tensión, muchos prejuicios. Por ejemplo, los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos muchas veces buscan integrarse con los blancos para sobrevivir, lo que complica las posibles alianzas con otros grupos. Es un sistema complejo donde operan estructuras históricas profundas.
No es solo una cuestión individual o moral, sino estructural: leyes, instituciones y prácticas lo sostienen. Por ejemplo, el sistema judicial ha reemplazado en muchos sentidos a la esclavitud como mecanismo de control, especialmente a través de la criminalización.
E: En ese contexto, ¿cómo interpreta el fenómeno de Trump y el movimiento MAGA? ¿Cree que hoy en día estamos en una 'falla geológica', como usted le llama?
FS: No, la última fue la de Gorge Floyd, cuando surgió el movimiento Black Lives Matter, pero vamos hacia allá dentro de un par de años, aunque en condiciones completamente diferentes. Los Estados Unidos que hoy conocemos no van a tener nada que ver con los Estados Unidos dentro de tres años.
Estados Unidos encierra 120 lenguajes. Es primera ciudad de 70 países. La primera ciudad de hondureños está en Estados Unidos, la primera ciudad de Etíopes está en Estados Unidos, la primera ciudad de somalíes está en Estados Unidos, la segunda ciudad de mexicanos está en Estados Unidos, es decir, esto ya fue juego nuevo, lo que pasa es que es el último intento de los blancos por quedarse con el control político.
No lo van a lograr. Ya lo perdieron, de hecho. Minneapolis es la mejor señal. Los historiadores dentro de 100 años van a decir la supremacía blanca se rompió en Minneapolis. ¿Por quién se rompió? Los blancos. Sin un balazo echaron fuera a una fuerza militar de ocupación enmascarada y con coches enmascarados.
Es el último intento de la supremacía blanca por mantener la hegemonía política. Sin embargo, ese proyecto está en declive: La multiculturalidad se los va a tragar. Ya se los está tragando.
Estamos ante lo que yo llamo una crisis revolucionaria... Los Estados Unidos que hoy conocemos no van a tener nada que ver con los Estados Unidos dentro de tres años.