En el caso de la carne, solamente 28.1% estaría mucho o totalmente dispuesto a renunciar a ella; para el smartphone, 29.3%; y para el automóvil particular, 35.3%.
El informe identifica precisamente esta brecha: reconocer que es necesario modificar los patrones de consumo no significa estar dispuesto a abandonar productos, servicios o planes personales.
La transición ambiental tampoco es igual para todos
Otro dato relevante del estudio, el cual trata de ofrecer una radiografía actualizada de las condiciones de vida, los valores, las expectativas, las formas de participación y los principales desafíos de las personas jóvenes, es que el sector de mayores ingresos es, en algunos casos, el que menos dispuesto está a modificar sus patrones de consumo.
Entre el nivel socioeconómico más alto, 85.1% está poco o nada dispuesto a renunciar al smartphone y 88.1% a dejar la carne. En cambio, en el segmento más bajo, 44.8% está mucho o totalmente dispuesto a abandonar el automóvil particular.
La edad también importa. Los jóvenes de 25 a 29 años muestran mayor disposición que los grupos más jóvenes a modificar sus hábitos: 35.9% estaría mucho o totalmente dispuesto a renunciar al smartphone; 32.8% a dejar la carne y 50.4% a dejar de comprar productos desarrollados de manera no sostenible.
Por género, destaca también que las mujeres muestran una mayor disposición al cambio que los hombres en varios rubros: 34% frente a 24.9% para renunciar al smartphone; 36.2% frente a 34.2% para dejar el automóvil; y 32.3% frente a 24% para dejar de comer carne.
La escuela genera conciencia, pero no necesariamente cambia hábitos
En el estudio destaca que la educación ambiental es para los jóvenes una de las principales herramientas que los propios jóvenes consideran necesarias.
Ante ello, el 61.5% dijo que está muy o totalmente de acuerdo en que la información ambiental recibida en la escuela lo ha hecho más consciente de su entorno. Asimismo, 60.5% considera que lo aprendido ha provocado cambios en sus rutinas, como ahorrar agua; 57.6% dice que esa formación se refleja en prácticas domésticas como evitar desechables, y 76.8% afirma que la aplica en la calle, por ejemplo, al no tirar basura.
Sin embargo, los autores advierten que los porcentajes de quienes están poco o nada de acuerdo siguen siendo relevantes y que no existe evidencia suficiente para afirmar que la educación ambiental escolar esté produciendo cambios consistentes en las conductas cotidianas.
El medioambiente también abre una vía de participación
Otro punto que destaca en el estudio es que la preocupación ambiental trasciende los hábitos personales de los jóvenes mexicanos pues 12.2% de los jóvenes asegura que ya ha firmado alguna petición relacionada con asuntos ambientales y 11.6% ha participado en manifestaciones. En contraste, apenas 1.3% pertenece a un partido político.
Así, el medioambiente aparece no solo como una preocupación cotidiana, sino también como una de las causas que pueden movilizar a los jóvenes fuera de las estructuras políticas tradicionales.
- Nota metodológica: Los resultados de Jóvenes en México 2026 proceden de una encuesta realizada a 1,200 jóvenes de entre 15 y 29 años residentes en todo el país. La muestra es representativa de la población juvenil mexicana, estimada en 32,7 millones de personas.