Mujeres de Chabihau, Yucatán, restauran manglares, fortalecen pesca y reducen vulnerabilidad ante clima
Lo que comenzó como una jornada comunitaria de reforestación en Chabihau, Yucatán, se convirtió en un modelo de conservación que protege ecosistemas, genera ingresos y transforma vidas.
Más de 100 mujeres de Chabihau han participado durante casi tres décadas en la restauración de manglares, un ecosistema clave para la pesca, la protección frente a huracanes y el desarrollo económico de este puerto yucateco.(Fotos: Brenda Yañez)
Hace casi 30 años, más de 100 mujeres iniciaron la restauración de manglares en Chabihau, Yucatán, un ecosistema devastado tras el paso de los huracanes Gilberto, en 1988, e Isidoro, en 2002.
Tres décadas después, aquel esfuerzo colectivo no solo recuperó uno de los ecosistemas más importantes del país, también fortaleció la pesca, redujo la vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos extremos y abrió nuevas oportunidades de desarrollo para este puerto yucateco.
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En la ciénaga de Chabihau ahora vuelan flamencos, garzas y pelícanos, pero hace casi tres décadas en eso terrenos degradados solo habían árboles muertos y una comunidad que dependía exclusivamente de una pesca cada vez más vulnerable a los huracanes y a los cambios ambientales.
La transformación comenzó con una apuesta inusual: poner a las mujeres del puerto al frente de la restauración.
“Nos conocemos desde hace más de 27 años, cuando empezamos a trabajar un proyecto de manglar y se conformó un grupo de más de 100 mujeres”, recuerda Jorge Armando Novelo López, jefe de Departamento de Cultura para la Sustentabilidad de la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Yucatán.
Desde hace 30 años, el biólogo Jorge Armando Novelo López trabaja con los pobladores de Chabihau en la restauración de manglares.(Foto: Brenda Yañez)
Al inicio era un proyecto sencillo de participación comunitaria pero con el paso de los años terminó por convertirse en uno de los ejemplos más longevos de restauración ecológica impulsada por mujeres en la costa yucateca.
A diferencia de muchos proyectos de restauración que duran apenas algunos años, en Chabihau la conservación es en una práctica cotidiana. Las mujeres aprendieron a recolectar semillas, producir plantas, monitorear su crecimiento y restaurar áreas degradadas por huracanes y cambios hidrológicos.
“Con las compañeras conseguimos las semillas, las sembramos y después las fuimos monitoreando. Ya crecieron, ya son unas plantas muy bonitas, muy hermosas. Ahorita ya dieron sus frutos”, cuenta Martha, una de las participantes del proyecto.
Hoy, aquellas mujeres también forman parte de procesos de monitoreo biológico, restauración de humedales y vigilancia comunitaria de recursos naturales. A sus labores se han unido los hombres de la comunidad, sus esposos e hijos.
En Chabihau se han recuperado poblaciones de mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle blanco (Laguncularia racemosa) y mangle negro (Avicennia germinans).(Foto: Brenda Yañez)
Un ecosistema clave para México
El trabajo realizado en Chabihau va mucho más allá de recuperar árboles. Los manglares son considerados uno de los ecosistemas más valiosos de México por los servicios ambientales que brindan a las comunidades costeras.
De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), estos bosques costeros funcionan como refugio para peces, crustáceos y moluscos; ayudan a estabilizar las costas, filtran contaminantes, favorecen la calidad del agua y sostienen actividades económicas como la pesca y el turismo.
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México se encuentra entre los países con mayor extensión de manglares del planeta, con aproximadamente 905,000 hectáreas distribuidas en sus litorales. Estos ecosistemas son además considerados una de las principales reservas de carbono azul del mundo debido a su capacidad para capturar y almacenar grandes cantidades de dióxido de carbono en sus raíces y sedimentos.
Pero para los habitantes de Chabihau, son manglares son también una fuente de alimento, pues funcionan como auténticas guarderías naturales.
“Mientras más manglar tenga, más productivo es el ecosistema”, explica Novelo, jefe de Departamento de Cultura para la Sustentabilidad de la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Yucatán, durante un recorrido por la ciénaga.
“Para que tengan una idea, el 80% de las especies comerciales de la pesquería pasan por lo menos una etapa de su vida aquí”, explica el especialista.
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Larvas y juveniles de camarones, peces meros, pargos y otras especies encuentran refugio entre las raíces del manglar, donde están protegidos de depredadores y cuentan con alimento suficiente para desarrollarse.
Si estas áreas desaparecen, la productividad pesquera disminuye. Por ello, la restauración impulsada por las mujeres de Chabihau impacta directamente en la economía local.
“Ya hay más plantas y hay un poquito más de productividad”, asegura Maricruz Méndez Keb, una de las habitantes involucradas en las labores de conservación.
Además, la restauración de este ecosistema también favoreció el regreso de especies que prácticamente habían desaparecido de la zona.
“Antes no venían los pájaros que vienen ahora. Tenemos flamencos, pelícanos, alcatraces, garzas blancas, garzas grises. Ha cambiado demasiado”, relata Maricruz.
En los trabajos de restauración de Chabihau ahora ya no solo participan mujeres, también lo hacen sus hijos y esposo.(Foto: Brenda Yañez)
La lección que dejaron los huracanes
La historia de este puerto está marcada por los ciclones. Los habitantes recuerdan el impacto que tuvieron los huracanes Gilberto, en 1988, e Isidoro, en 2002, que a su paso destruyeron amplias extensiones de vegetación costera y modificaron profundamente el paisaje de la región.
“Cuando vino Gilberto devastó bastante y cuando vino Isidoro acabó de devastar mucho más”, recuerda Juan Nazario Lavadores, representante de la cooperativa pesquera Tiburón I.
Sin embargo, esos eventos también permitieron entender algo que hoy la ciencia confirma: los manglares funcionan como una barrera natural frente a huracanes e inundaciones.
Sus complejos sistemas de raíces reducen la velocidad de las corrientes, disminuyen el impacto del oleaje y ayudan a contener inundaciones costeras.
“La gente empezó a darse cuenta de que si los manglares tienen una estructura de vegetación bastante desarrollada funcionan como barreras protectoras”, explica Novelo, jefe de Departamento de Cultura para la Sustentabilidad de la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Yucatán.
La recuperación de los manglares en Chabihau cobra aún más relevancia si se toma en cuenta el acelerado cambio climático, donde diversos estudios advierten que el aumento en la intensidad de tormentas tropicales y huracanes incrementará la vulnerabilidad de las comunidades costeras durante las próximas décadas.
Es así que recuperar estos ecosistemas no solo significa preservar la biodiversidad, sino también resguardar viviendas, infraestructura y fuentes de ingreso.
Hoy alrededor de 10 hectáreas muestran resultados visibles de restauración, gran parte de la recuperación posterior ocurre ya de manera natural gracias a las condiciones creadas por la comunidad.
El reto de proteger lo recuperado
Con el regreso de la biodiversidad aparecieron nuevos desafíos en la comunidad. Los habitantes denuncian que personas ajenas ingresan regularmente para extraer especies como chivitas —pequeños caracoles marinos comestibles—, camarón y otros recursos acuáticos sin respetar las reglas acordadas localmente.
“Vienen de fuera y se llevan tres, cuatro o hasta seis cubetas. Nosotros cuidamos que no se depreden los recursos, pero ellos no respetan las reglas”, lamenta Maricruz Méndez.
Por ello, uno de los principales reclamos de la población es fortalecer los mecanismos de vigilancia y manejo sustentable.
“No se trata de prohibir el uso de los recursos, sino de administrarlos para que continúen existiendo y generen beneficios económicos”, sostiene Novelo.
La apuesta por el ecoturismo
Después de casi tres décadas de restauración, la comunidad también busca dar un nuevo paso: convertir la conservación en una fuente permanente de ingresos.
La propuesta contempla desarrollar senderos interpretativos, recorridos entre ojos de agua, observación de aves y actividades de educación ambiental.
Es el momento de hacer ecoturismo para darle valor a lo que se ha hecho y generar ingresos para la comunidad".
Juan Nazario Lavadores, pescador de Chabihau.
Chabihau mantiene desafíos pendientes en materia de infraestructura principalmente convertir la conservación ambiental en una oportunidad de desarrollo económico.(Foto: Brenda Yañez)
Actualmente, visitantes llegan para observar flamencos, garzas, pelícanos, cocodrilos y manglares restaurados, pero la infraestructura turística es limitada.
La expectativa es que el turismo de naturaleza complemente una economía que hoy depende casi exclusivamente de la pesca.
La siguiente etapa para Chabihau podría comenzar con la iniciativa Herencia Maya, impulsada por WWF y el Gobierno de Yucatán a través del modelo de Proyectos de Financiamiento para la Permanencia (PFP). La comunidad forma parte de las zonas que se beneficiarán de este mecanismo, diseñado para garantizar recursos de largo plazo para la conservación y el desarrollo sostenible.
Durante los próximos cinco años, el programa canalizará financiamiento para proteger más de 580,000 hectáreas de áreas naturales protegidas estatales, municipales y privadas en Yucatán. La apuesta no es únicamente ambiental: busca combinar la conservación de ecosistemas estratégicos con actividades productivas sostenibles y la participación de las comunidades locales, muchas de ellas vinculadas a la herencia cultural y la cosmovisión maya.
Lo que estamos buscando es que las comunidades sean capaces de administrar sus recursos, tomar decisiones y gestionar proyectos de manera independiente".
Jorge Novelo.
Este mecanismos representa una oportunidad para consolidar tres décadas de trabajo comunitario y garantizar que los beneficios de la restauración ambiental se traduzcan en bienestar económico para las nuevas generaciones.
Porque detrás de cada hectárea recuperada hay algo más que árboles. Hay una comunidad que aprendió que conservar la naturaleza también puede ser una estrategia de desarrollo que incluso beneficie a los hijos y nietos de aquellas pioneras.
“Las piezas del rompecabezas ya están. Hay jóvenes profesionistas que pueden registrar proyectos y conseguir financiamiento. Ahora se trata de consolidar esa estructura”, sostiene Novelo.