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OPINIÓN. La Guardia Nacional: polémica, pero necesaria

Uno de los principales argumentos de los críticos es que al coordinar las fuerzas armadas se generará una militarización del país, comenta Don Porfirio Salinas.

Nota del editor: Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

CIUDAD DE MÉXICO (ADNPolítico) - El pasado 16 de enero, en periodo extraordinario, los diputados aprobaron la reforma constitucional para implementar la Guardia Nacional propuesta por el presidente. La mayoría calificada fue lograda gracias a los votos de los priistas.

El que la Guardia tenga un mando militar ayuda a imprimir ese sentido de disciplina y profesionalización que tanto se necesita en las corporaciones civiles
Don Porfirio Salinas

Existen demasiadas reacciones encontradas respecto de esta acción y también mucha desinformación al respecto. El tema es polémico por naturaleza; sin embargo, las posturas en estos últimos meses se han radicalizado.

Lo primero que hay que aclarar es que no se está creando la Guardia Nacional. Esta se creó desde mediados del siglo XIX para apoyar a las fuerzas armadas ante la invasión de Estados Unidos, con esencia militar pero con mando civil.

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En aquella época, la Guardia trabajaba bajo el mando del gobierno de cada estado para contribuir a la seguridad federal; tenían que reportar actividades y avances al gobierno federal. Fue justo este grupo el que protagonizó la batalla de Churubusco con el apoyo del famoso Batallón de San Patricio.

Cuando los gobernadores comenzaron a usar a la Guardia para beneficio propio, el Presidente Porfirio Díaz (antepasado moral, dicho sea de paso, de este columnista) la disolvió de facto, pero nunca se quitó de la constitución y se ratificó en la de 1917.

Esto nos demuestra que la Guardia Nacional no es una corporación nueva, solo que no se había usado. Adicionalmente, este tipo de corporación es utilizada con éxito en varios otros países, como como Estados Unidos, Colombia, Francia, bajo diferentes formatos.

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Entre lo que más se ha criticado por colectivos de activistas es el hecho de que se tenga un mando militar. En la iniciativa original era mando completo y en lo aprobado el miércoles pasado se divide en mando civil, para temas administrativos, y militar, en los temas operativos.

Uno de los principales argumentos de los críticos es que al coordinar las fuerzas armadas se generará una militarización del país, confirmado su presencia en las calles en tareas de seguridad pública. Los críticos parecen olvidar que el país está militarizado desde hace 12 años.

Otro de los argumentos centrales es que queda demasiado laxo y discrecional el marco legal para el uso de fuerzas armadas en tareas de seguridad pública; sin embargo, parecen no reconocer que el marco legal actual es lo más discrecional que puede haber.

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Lamentablemente, los argumentos más importantes de los críticos son los mismos que cuando se aprobó la Ley de Seguridad Interior. Desde aquel momento los argumentos eran endebles y mostraban más una suerte de capricho y una visión de un mundo ideal que hoy no existe.

Es importante que se empiece a aceptar que el país está en situación de emergencia y que lo propuesto en su momento en la Ley de Seguridad Interior -y hoy con la GuardiaNacional- busca dar mayor certidumbre jurídica e institucional, que son urgentes.

También se debe entender que así como el país cayó en la situación que estamos gracias a Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y asumiendo que se logre resolver esta crisis, no estamos exentos de volver a caer en otra crisis. Para enfrentarla será de gran utilidad una Guardia normada.

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Evidentemente, el presidente y Morena actuaron mal cuando pretendieron acceder a la demanda de tener un mando civil y después plasmar algo muy distinto en la reforma, estableciendo mando militar en lo fundamental, que son las operaciones.

También ha sido desafortunado el tipo de diálogo que han tenido, no solo en este tema sino en muchos otros que han sido controversiales. Han mostrado poca capacidad de escuchar y poca intención de interactuar y buscar consensos.

Es necesario entender que hay temas críticos en los que la estrategia del gobierno, sea del color que sea, no puede atender críticas o demandas utópicas que poco se acercan a atender el nivel de emergencia de problemas tan profundos y estructurales.

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Algo en lo que definitivamente tienen razón quienes critican la Guardia Nacional es la evidente falta de estrategia, e incluso interés, del gobierno para reformar y modernizar a las fuerzas policiacas estatales y municipales, un tema fundamental para la crisis que hoy atravesamos.

Pero justamente el que la Guardia tenga un mando militar ayuda a imprimir ese sentido de disciplina y profesionalización que tanto se necesita en las corporaciones civiles. Eso podría incluso generar un efecto replicador en las corporaciones locales.

El nivel de urgencia para atender los problemas de violencia e inseguridad amerita medidas firmes y contundentes. La Guardia Nacional es un primer paso muy importante. Lo que le está faltando al gobierno es una estrategia más clara e integral en términos de prevención social. Sigue ausente en sus acciones, a pesar de ser constante tema de los discursos públicos.

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Es entendible la preocupación de las organizaciones sociales después de tantas fallas de Calderón y Peña. Lamentablemente, a veces da la impresión de que lo que buscan es resolver los problemas con buenas intenciones. Eso no alcanza y menos para problemas tan serios.

Lo más importante ahora es, en cuanto quede aprobada la reforma por senadores y congresos locales, es estar muy pendientes de las leyes reglamentarias que se emitan para cumplir con el mandato constitucional. Eso será lo que defina la visión del gobierno para instrumentar la Guardia.

Estamos ante la peor crisis de violencia que ha vivido el país desde la Revolución. No hay soluciones simples, ni rápidas, ni mucho menos unánimes para atender un tema así.

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Demos el beneficio de la duda al gobierno ante este primer paso en la dirección correcta, pero no dejemos de supervisar con lupa sus acciones y su capacidad de implementación, señalando cuando haya errores, pero evitando la crítica visceral y vacía. México no está para bollos.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Voces

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