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Revocación de Mandato: No

La iniciativa de revocación del mandato es una forma de propaganda electoral disfrazada de democracia directa, asegura Viridiana Ríos.
mié 09 octubre 2019 06:00 AM
Viri Ríos
Viri Ríos es profesora asistente visitante de la Universidad de Harvard.

La iniciativa de revocación del mandato es una forma sofisticada de propaganda electoral disfrazada de democracia directa. El costo de esta propaganda terminará siendo pagada por los contribuyentes. No veo cómo una política de esta naturaleza sea justificable en un estado austero como el que supuestamente empuja AMLO.

AMLO acusa a quienes están en contra de la revocación de mandato de no ser demócratas. Ello, sin embargo, no se sostiene. De hecho, se podría argumentar que tener la revocación de mandato es poco democrático por tres razones.

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Primero, porque destina los recursos del estado mexicano a algo que no mejorará la calidad de vida de los ciudadanos, sino simplemente promoverá la visibilidad política de nuestros gobernantes. Es un acto injustificable de derroche político. El estado mexicano no cuenta con suficientes recursos para proveer servicios públicos básicos con la calidad que se requiere. Destinar aún más recursos a la organización de otro lujo electoral es inaceptable pues supone un desvió de recursos que estarían mucho mejor invertidos en educación, salud o programas sociales.

Tal y como se está proponiendo, el INE sería el encargado de organizar la revocación de mandato. Ello es lo más correcto técnicamente, pero también lo convierte en un gasto enorme. La organización de elecciones de por sí ya es muy cara. Tan sólo en 2018, el costo presupuestario del INE fue de poco más de 17 mil millones de pesos. Si AMLO es serio en promover la llamada “austeridad republicana”, gastar en la organización de una elección más no debiera estar en su radar.

Recomendamos: Con estos puntos se discute la revocación de mandato (y no es como AMLO quería)

Segundo, la revocación de mandato no es una panacea democrática porque tal y como se está planteando es mayormente inconsecuente. Si bien es cierto que AMLO pudiera perder la revocación, la forma en la que se está planteando lo hace extremadamente difícil. Se necesita que al menos el 40% del padrón electoral vote para que el resultado de la revocación sea vinculante. Esto es muchísimo. Actualmente, el padrón electoral es de 90 millones de mexicanos.

Sacar a votar a 36 millones de mexicanos es muy difícil. Para poner esto en perspectiva, en el proceso electoral del 2018 solo votaron 56 millones de personas. Esto es un número muy bajo considerando que 2018 fue una elección histórica pues conjuntó las campañas electorales de ocho gobernadores, la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, 972 diputaciones y más de mil quinientos presidentes municipales. En la elección intermedia de 2015 por ejemplo, solo votaron 39 millones de personas.

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Finalmente, no hay una vocación democrática de la revocación de mandato porque ésta impide que nuestros gobernantes se centren en gobernar y en cambio, da incentivos para que se enfoquen en promoverse a sí mismos. Las campañas electorales ya se comían al menos un año completo del sexenio, el famoso “año de Hidalgo” en el que ya se hacía muy poco. Ahora, el incentivo será estar en campaña no sólo durante el último año del sexenio, sino también en el cuarto.

Esto no solo es un desperdicio de tiempo valioso sino que, pero aún, fija un incentivo perverso para que solo se implementen política públicas que den resultados en menos de cuatro años. La revocación de mandato crea una meta imaginaria que reduce el sexenio en 33%, y que incentiva al ejecutivo a dar resultados rápido. Debido a que la mayor parte de los problemas de un país son estructurales, y por ello toman tiempo en resolverse, tener que dar resultados en 4 años limita enormemente la calidad de las decisiones que se tomarán al inicio del sexenio. De cualquier presidente, de ahora en adelante. Esto no está bien.

Lee más: AMLO celebra que avance la revocación de mandato, pero se queja de los términos

En general, la revocación de mandato es un acto infinitamente menos democrático que una elección porque no permite la construcción de alternativas políticas (oposición), ni fomenta la organización de la ciudadanía en partidos o plataformas políticas. Por el contrario, centra aún más los ojos de los gobernantes en el ejecutivo.

La revocación de mandato tiene opciones demasiado limitadas pues solo ofrece continuidad o incertidumbre. Ante estas alternativas, el ejercicio motiva a que, incluso gente que no esté en favor de AMLO, vote por él con tal de evitar el desconcierto de quedar sin presidente.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autora.

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